Se acerca el Corpus Christi, pero… ¿sabemos qué celebramos?

Jesús nos dijo “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Como ves no nos dijo “yo estoy con vosotros cuando estéis mal”, “yo estoy con vosotros cuando tengáis examen”, “yo estoy cuando todo vaya bien”.  Él está todos los días hasta el fin del mundo. Si de alguna manera está presente físicamente es en la Eucaristía y a veces no le damos el valor que realmente tiene.

Ahora que se acerca el Corpus Christi, la celebración de que el mismo Jesús se quedó con nosotros en la cosa más humilde y más cotidiana: un trozo de pan, no está de más recordar el valor insuperable que esa Hostia tiene para ti y para mí.

Estamos acostumbrados a ir a Misa, a escuchar las lecturas, a las homilías más o menos profundas e impactantes, a rezar en comunidad el Padre Nuestro, a darnos la paz, a comulgar…, pero, ¿caemos a veces en la rutina? ¿Realmente creemos que ahí, en ese trozo de pan, está el mismo Dios? ¡¡Todo un Dios que se hace infinitamente pequeño y entra dentro de mí!!

Una de las mayores locurasque Jesús hizo por amor a ti y a mí, además de morir en una cruz, es quedarse contigo y conmigo todos los días hasta el fin del mundo porque realmente ese trozo de pan es Su cuerpo, en la consagración vivimos de nuevo sus palabras, nos repite, como hace 2014 años, este es mi cuerpo […].

Una vez escuché en boca de una monja contemplativa, que me perdonen los psicólogos, si todos pasásemos diariamente al menos media hora delante de un sagrario sus consultas estarían vacías. Puede que nos parezca un poco exagerado, pero, ¿quién no ha experimentado la profunda paz que deja hacer oración delante de un Sagrario? ¿Quién no ha vivido cómo la Exposición del Santísimo ha ido calando poco a poco en él?

Son los momentos delante de Cristo-Eucaristía los que nos llevan a la voluntad de Dios. Comparable al sol de Benidorm en pleno agosto, entras en la playa y sales con un moreno estupendo, porque ese sol ha ido poco a poco dorándote la piel sin apenas darte cuenta; lo mismo ocurre con la Eucaristía. Horas al Sol (del Sagrario), y sales con el corazón renovado, porque ahí, en el silencio del misterio, el mismo Dios moldea tu corazón. Ese es el misterio de nuestra fe.

Chesterton escribía:La mediocridad, posiblemente, consiste enestar delante de la grandeza y no darse cuenta. Puede que a veces nos pase eso, que estemos delante de Dios sin darnos cuenta, sin darle importancia. Pero ahí nos espera, en ese trozo de pan.

Y ahora, ¿volveremos a pasar indiferentes delante de un Sagrario? ¡Ojalá vivamos la festividad del Corpus Christi como una verdadera celebración de que Jesús se quedó con nosotros todos, todos, todos los días.