Dime: ¿Qué es ser cristiano?

Hace ya unos años, un amigo mío ateo me cogió por banda y me dijo: “Oye tío, no os entiendo a los cristianos. Es que no sois coherentes. Si yo creyera en un Dios que está metido dentro del sagrario, en la iglesia, nunca saldría de ella y me pasaría allí la vida entera. ¿Por qué tú no estás dentro ahora?”

En ese momento no supe qué responderle, así de triste, y estuve varios días pensando en lo incoherentes que éramos los cristianos. Pero más tarde, y gracias a este compañero, entendí por qué un cristiano de a pie, de la calle, que es estudiante o que trabaja,  no debe dedicar su vida entera a rezar dentro de un oratorio.

El cristiano tiene una noticia que dar, la mejor noticia que nos podrían dar a todos: “Hemos sido salvados por Jesucristo, que además de Salvador, es tu amigo – ¿Qué?-. Sí, tu amigo, que te quiere con locura, y que te enseña que, para encontrar la felicidad en esta y en la otra Vida, lo único que debes hacer es amarle a Él. ¿Cómo? Amando a los demás, sin distinción de ningún tipo.” No suena mal.

Ser cristiano no es cumplir una serie de preceptos o normas morales, para así tener contento al Papa, a los sacerdotes o a tus padres. Tampoco es disfrutar de una doble máscara: una de cara a la Iglesia, y la otra puesta en el día a día. Y menos aún, creer tener el derecho a condenar la vida de la gente por el simple hecho de ser distinta, erigiéndose uno como juez de vivos y muertos.

Lo que se consigue con esta lamentable visión del cristianismo es hacer muchísimo daño, tanto a los cristianos como a los que intentan descubrir “qué es eso de ser cristiano”. Ya lo ha dicho el Papa con unas palabras como mínimo contundentes: «Los que viven juzgando al prójimo, hablando mal del prójimo, son hipócritas, porque no tienen la fuerza ni el valor de mirar sus propios defectos (…). Cada vez que nosotros juzgamos a nuestros hermanos en el corazón o, peor aún, hablamos de esto con los otros, somos cristianos homicidas». Es fuerte, ¿eh?

Un cristiano, para empezar, es una persona que está enamorada. Y ya está, no hay más. Cuando te enamoras de alguien, de pronto y sin previo aviso te das cuenta de que esa persona da sentido a tu vida, y de que tú lo das a la suya, y entonces vuestro mundo cambia completamente. No cabéis dentro de vosotros, y deseáis que toda la gente de vuestro alrededor, aquellos que conocéis, sean también partícipes de vuestra alegría, de vuestra felicidad.

Lógicamente, vuestra vida diaria cambia: habláis por teléfono o por Whatssap todas las noches, quizás quedáis después de clase para ir a casa juntos, etc. Tú ni siquiera te planteas por qué lo hacéis, son cosas que vienen dentro del pack. Esto no son normas, y nadie os ha dicho que debéis hacerlo: lo hacéis porque queréis, e incluso cuando no os apetece, lo hacéis. ¿Por qué? Porque estáis enamorados.

Para ti sonreír a la gente se ha vuelto de repente más sencillo. Los problemas siguen ahí, evidentemente, pero ahora dispones de fuerza para afrontarlos. Por eso un cristiano es una persona que lleva la alegría allá a donde va.

Una persona que cuenta a sus amigos cuál es el origen de su estado de ánimo, de por qué la vida no se le presenta cuesta arriba.

Una persona que desea que los que aún no saben lo que es estar enamorado, lo descubran también, simplemente para que sean felices. El secreto del éxito, muchachos.

En fin, creo que ha quedado claro: ser cristiano es comprometerse a amar.