La Confirmación: ¿Obligación o necesidad?

El sacramento de la Confirmación ha sido motivo de distintas disputas, morales y sociales, tras conocerse la noticia de que es preferente que un cristiano esté confirmado para contraer el sacramento del matrimonio y para ejercer de apadrinador en cualquier sacramento. Pero, esto no es un hecho novedoso, solo hay que indagar en el actuar Código de Derecho Canónico, promulgado en 1983.

Esta noticia resultó sorprendente para todos aquellos que no conocen realmente el significado de los sacramentos. No es de extrañar escuchar comentarios como: “qué locura que me exijan dos años de confirmación para firmar un papel” o “la Iglesia ya no sabe que inventar, si yo me quiero casar qué más dará si estoy confirmado o no”. Estas personas deberían pararse y pensar…  ¿cómo pretenden iniciar en la Iglesia católica a unos niños mediante el bautismo cuando ni ellos mismos han confirmado su fe cristiana? o ¿cómo vas a jurar amor ante los ojos de Dios cuando no te has confirmado como su hijo por voluntad propia?  La confirmación no es una obligación, es una necesidad.

Es complicado encontrar una definición exacta para la Confirmación, porque este sacramento desarrolla diversas funciones, no solo nos confirma como cristianos y complementa el sacramento del bautismo, sino que con él la primacía de la Gracia de Dios nos llama para otorgarnos los dones del Espíritu Santo.

Seguro que el sacramento de la confirmación ha rondado bastante en estos últimos años por tus oídos, y no es de extrañar, es el sacramento más próximo a los jóvenes. Es un sacramento de afirmación, de compromiso con la Iglesia, con la confirmación se complementa la gracia recibida en el bautismo. Es el primer paso que damos por nuestra propia voluntad hacia Jesús, elegimos maduramente seguir su camino. No deberíamos ver la confirmación como un trámite, ni mucho menos como una tradición o una obligación. Todo lo contrario, la confirmación es luz, es el momento en el que Dios te alumbra con su luz, te está llamando a confirmarte como cristiano, es su luz divina la que nos inicia en este proceso recibidor del don del Espíritu Santo.

Si miramos atrás eran muchos los jóvenes que no se confirmaban y si miramos hacia adelante vemos que cada vez son más los jóvenes y los mayores que se animan al sacramento de la confirmación.  De manera general, los cristianos deberíamos ver de forma negativa que acudan a la confirmación aquellos que sólo buscan un papel firmado o aquellos que no son católicos en su totalidad; pero no, al contrario, son miles de cristianos confundidos los que entran en un proceso de confirmación y  reafirmación de fe al iniciarse en este sacramento. No hay que tener claro el camino de Jesús para confirmarse, hay que tener claro que se quiere conocer el camino de Jesús. Si aún no estás confirmado, anímate, conoce, escucha, aprende, crece en el amor, es decir, crece en el Reino de Dios.

Finalmente,  puedo decir que, como experiencia personal, el período de preconfirmación es una etapa riquísima para todo cristiano, que hace que la persona se una muchísimo más a Jesús y a la Iglesia, recibiendo, a su vez, el Espíritu Santo. Eso sí, es clave el momento que cada persona elige para confirmarse porque se necesita madurez, entusiasmo, esperanza y amor para confirmarse como católico. Yo soy joven y lo he hecho… y la verdad, ¡no puedo estar  más feliz!

Si eres joven y te sientes cristiano… ¿a qué esperas para confirmarte? No seas uno más, involúcrate, forma parte del mundo, conoce aquello que defiendes, confía en lo que crees, llénate de amor y compártelo. El amor es felicidad, y todo lo que te hace feliz te hace rico.