Ser joven católico hoy no es sencillo. Vivimos en una sociedad donde la fe es ridiculizada, la verdad se relativiza y los valores cristianos parecen quedar fuera de lugar. No es una guerra con armas ni violencia, pero sí una batalla cultural, silenciosa y constante, que se libra en las redes sociales, en las aulas, en las conversaciones cotidianas y, muchas veces, en nuestro propio corazón.
La pregunta es clara: ¿estás preparado para dar la batalla?
La batalla cultural es el enfrentamiento entre una visión del mundo que pone a Dios en el centro y otra que pretende vivir como si Dios no existiera. Se manifiesta cuando se normaliza el egoísmo, se desprecia la vida, se confunde la libertad con el “hacer lo que quiero”, se desvirtúa el sentido del ser humano, se asientan las nuevas ideologías de género y se intenta silenciar la fe llamándola anticuada o irrelevante.
No participar también es una forma de perder. El silencio, la indiferencia y el “me da igual” debilitan la fe y dejan espacio al error.
En esta batalla no todo vale. Como cristianos estamos llamados a defender la verdad con amor, sin odio ni violencia, pero con firmeza. Jesús no fue neutral frente al mal, y nosotros tampoco podemos serlo.
Conocer nuestra fe es clave: formarnos, leer, estudiar el Evangelio y la doctrina de la Iglesia nos permite responder con claridad y sin miedo.
La batalla cultural no se gana solo con argumentos, sino con vidas coherentes. De nada sirve defender valores cristianos si nuestra forma de vivir dice lo contrario. El testimonio personal tiene un poder enorme: amar cuando otros odian, respetar cuando otros insultan, perdonar cuando otros se vengan.
Ser cristiano no es esconderse, es dar la cara con caridad y valentía.
Hoy gran parte de esta lucha se da en internet: Instagram, Tiktok, X, facebook… Lo que compartimos, comentamos o apoyamos habla de lo que creemos. No todo merece ser viral, ni toda opinión debe ser celebrada. Usar las redes con criterio cristiano es parte de la misión.
Cristo ya ha vencido. Esta batalla no se pelea con nuestras fuerzas, sino con la gracia de Dios. La oración, los sacramentos y la comunidad nos sostienen cuando el combate se vuelve duro. Como dice San Pablo: “No os acomodéis a este mundo, sino transformaros con una mentalidad nueva.” (Romanos 12,2)
La batalla cultural está en marcha. No se trata de gritar más fuerte, sino de vivir mejor la fe. El mundo necesita jóvenes valientes, formados y enamorados de Cristo, dispuestos a defender la verdad con amor.
Y ahora la pregunta vuelve a ti: ¿Estás preparado para la batalla cultural?
Raúl M. Mir







