No vendas tu libertad

Cambiar el mundo

Sin Autor

La historia de Esaú y Jacob puede sonar lejana, pero en realidad habla de algo que nos pasa todavía hoy. Esaú, cansado y hambriento, cambia algo súper valioso —su primogenitura— por un simple plato de lentejas. Lo hizo porque tenía hambre en ese momento y no pensó en lo que estaba entregando.

A veces nosotros hacemos lo mismo con nuestra libertad.

¿Cómo se vende la libertad hoy?

No hace falta firmar un contrato. Se vende poco a poco, sin darnos cuenta:

• Por comodidad: “Que decidan otros, yo paso”.
• Por miedo: a equivocarte, a no encajar, a perder algo.
• Por distracción: horas y horas en redes sin pensar en nada importante.
• Por cansancio: cuando estás agotado, aceptas lo que sea.
• Por presión del grupo: “todos lo hacen, yo también”.
• Por creer que no vales: “yo no puedo cambiar”, “esto es lo que hay”.

Cuando dejamos que otros piensen por nosotros, cuando actuamos sin reflexionar, cuando vivimos en automático… estamos regalando nuestra libertad por un “plato de lentejas” moderno: likes, comodidad, entretenimiento, o simplemente evitar problemas.

El gran truco: confundir deseo con elección

Hoy nos hacen creer que elegir entre miles de cosas es ser libre. Pero muchas veces solo estamos reaccionando a lo que otros han diseñado para que queramos: ropa, tendencias, apps, opiniones, estilos de vida. No siempre elegimos: muchas veces solo seguimos impulsos.

La libertad empieza dentro

La libertad no es hacer lo que te dé la gana sin pensar. Es saber quién eres, qué quieres y hacia dónde vas. Es poder elegir el bien, lo que te hace crecer, lo que te hace más tú.

Dios —que nunca obliga ni manipula— nos da esa libertad para amar, para buscar la verdad, para vivir con sentido. No quiere robots ni esclavos.

Cómo nos la quitan hoy:

• Cansándonos: estrés, ruido, prisas.
• Distrayéndonos: contenido infinito que no nos deja pensar.
• Asustándonos: “no te arriesgues”, “no cambies”.
• Convenciéndonos de que no podemos: la peor mentira.

La buena noticia

La libertad no se pierde de golpe. Y tampoco se recupera de golpe. Basta un momento de claridad, una decisión firme, un “hasta aquí”.

La libertad es un regalo, pero también una responsabilidad. Cuidarla depende de cada uno.

No la cambies por un plato de lentejas. Vale demasiado ¡Que no te la roben!

Juan Luis Selma