Descéntrate

Cambiar el mundo

Sin Autor

Los universitarios, algunos de manera más ardua que otros, salimos estos días de haber vivido uno o dos meses de encierro de estudio. Con frecuencia, el período de exámenes se convierte en largas horas sentados frente a unos apuntes o un ordenador, estudiando, escribiendo, practicando, programando, leyendo… Y eso, al fin y al cabo, es mucho tiempo solo.

Quizá hayas sido de esos que tienen una auténtica comunidad con sus amigos: decenas de horas de biblioteca compartidas, descansos en la cafetería tomando risas con café (o café con risas) y momentos antes de examinarse que parecen el vestuario de un equipo de fútbol, en un #todosxtodos académico y fraternal. O quizá no: quizá tu período de exámenes ha sido un tiempo de soledad, de intercambio de palabras ocasionales antes de entrar en el aula de evaluación y de simplemente dudas a tutiplén por el chat de Whatsapp de preguntones.

En cualquier caso, haya sido como haya sido, haya ido como haya ido, la cuestión es que estamos, por fin, libres de exámenes. Esta libertad durará poco, o mucho, o para algunos hasta mayo. Con este percal delante, te quería preguntar: ¿has pensado qué vas a hacer con tu tiempo?

Lo suyo es pensar «me voy a centrar». Sin embargo, hoy vengo a proponerte lo contrario: vengo a proponerte un simple “descéntrate”.

Ey, espera, espera. No me refiero a que vivas como si no tuvieras responsabilidades y como si no hubiera un mañana. Claro que no. Me refiero a descentrarse, quitarse del centro: que, en tu vida, el protagonista no seas tú. Que sea Dios, Él primero. Que sean los demás porque, allí, en medio de ellos, es donde el Señor se nos hace presente.

Quizá ya sea tarde para sugerirte un plan de voluntariado (o, muuucho mejor, de misión) en los días de vacaciones que tengas libres después de exámenes. Ese es un buen entrenamiento para empezar el cuatri. Pero, ahora que la mayoría hemos vuelto a las clases, nos queda trabajar con lo que hay: buscar vivir para Dios en los demás, quitarnos nosotros del centro de nuestra vida, dejarle a Él el primer lugar.

No dejes que el ritmo de los exámenes o del trabajo te aleje de lo más importante, de El más importante. Si has dejado la misa diaria, si has dejado la oración, si llevas mucho tiempo sin confesarte… ¡este es tu momento!

Pilar Pujadas