Enfanga que algo queda

Cambiar el mundo

Fernando Gallego

Nos estamos acostumbrando en las tertulias televisivas, radiofónicas o en las redes sociales a decir mentiras, ahora los llamamos bulos, y a difamar sin ton ni son a cualquiera que no opine como nosotros.

Podemos pensar que le estamos propiciando un mal cuando atacamos su fama con verdades o mentiras y, puede que sea así, pero también queda en el alma del difamador o calumniador un poso de amargura, odio y rencor. No hay más que ver como esa polarización de la que tanto hoy se habla genera en los mismos provocadores de la polarización.

El corazón, un organismo que hay que cuidar con esmero, sufre esas heridas que aparentemente propiciamos con esos comentarios llenos animadversión hacia otros y, además, sin darnos cuenta tampoco somos capaces de ponernos en el lugar de aquella persona que va a sufrir ese sufrimiento.

Cuidemos lo que pensamos y decimos. De callar no nos arrepentiremos nunca, de hablar muchas veces.