Nadie escucha

Cambiar el mundo

Jaime Nubiola

Hace unos meses, cuando comencé a estudiar el fenómeno de la polarización, hablé un día con mi antiguo doctorando Ignacio Redondo, ahora un experto en la aplicación de IA a la educación, y me recomendó que revisara las investigaciones de Chris Bail: cuando prima la polarización en términos de identidad —me decía— no es posible el debate.

Ayer, precisamente, leí en el interesante libro de Ezra Klein «Por qué estamos polarizados» (Capitán Swing, 2021) algo de esas investigaciones y me pareció fascinante. Frente a la creencia común que sostiene que escuchar las razones opuestas lleva a cambiar las propias opiniones, Christopher Bail y sus colaboradores comprobaron en 2017 con un grupo de 1.220 usuarios habituales de Twitter que la exposición durante un mes a las voces más populares y autorizadas del bando opuesto implicó un incremento de la polarización.

«El hallazgo clave —escribe Klein— es que ninguno de los grupos respondió a la exposición al otro bando moderando sus propios puntos de vista. En ambos casos, escuchar opiniones contrarias llevó a los partidarios no solo a una certeza más profunda de la justicia de su causa, sino a posiciones políticas más polarizadas, es decir, los republicanos se volvieron más conservadores en lugar de más progresistas y los demócratas, si acaso algo sucedió, se volvieron más progresistas en lugar de más conservadores» (pp. 201-202).

No sé qué pasaría si aquí en España se hiciera el mismo experimento con partidarios de Vox y de Podemos. Imagino que se obtendría un resultado todavía más abrumador: nadie convencería a nadie y todos se ratificarían todavía más en su propia posición.

A menudo pienso que en la política nadie realmente escucha. «La crisis de la democracia es ante todo una crisis del escuchar», escribe Byung-Chul Han en Infocracia (Taurus, 2022, p. 48).

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* Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía, Universidad de Navarra, España (jnubiola@unav.es).