Ahondar en lo trascendente: descubrir lo que da sentido a todo

Cambiar el mundo

Sin Autor

Vivimos en un mundo que va rápido. Muy rápido. Mensajes que duran segundos, historias que desaparecen en 24 horas, tendencias que cambian cada semana. En medio de todo esto, es fácil quedarse en la superficie: lo inmediato, lo visible, lo que da placer momentáneo. Pero, ¿alguna vez te has detenido a pensar si hay algo más? ¿Algo que no se agota, que no pasa de moda, que da sentido incluso cuando todo lo demás falla?

Ahondar en lo trascendente es atreverse a mirar más allá de lo que se ve. Es preguntarse por el para qué de la vida, no solo por el cómo. Es reconocer que el corazón humano tiene una sed que no se calma solo con likes, éxitos o distracciones, sino con algo mucho más profundo.

Lo trascendente es aquello que nos supera, que va más allá de nosotros mismos. Para los cristianos, lo trascendente tiene un nombre: Dios. No como una idea lejana o abstracta, sino como un Padre cercano, que nos conoce, nos ama y nos llama a una vida plena. Ahondar en lo trascendente es abrir espacio a Dios en medio del ruido cotidiano.

No se trata de huir del mundo ni de despreciar lo material, sino de poner cada cosa en su lugar. Cuando Dios está en el centro, todo lo demás encuentra su equilibrio: los estudios, las amistades, los sueños, incluso las heridas.

Buscar lo trascendente hoy es un acto de valentía. Va contracorriente de una cultura que muchas veces propone vivir sin profundidad, sin silencio, sin preguntas incómodas. Pero justamente ahí está la clave: atreverse a preguntar, a no conformarse con respuestas fáciles.

La oración, los sacramentos, la lectura del Evangelio y el acompañamiento espiritual no son prácticas anticuadas; son puentes hacia lo eterno. Son espacios donde el joven puede encontrarse consigo mismo y con Dios, descubrir su identidad y su misión en el mundo.

La Iglesia necesita jóvenes que no se queden en la superficie de la fe, sino que se animen a profundizar. Jóvenes que entiendan que la verdadera libertad no está en hacer “lo que quiero”, sino en descubrir para qué fui creado. Jóvenes que vivan con los pies en la tierra, pero con el corazón en el cielo.

Ahondar en lo trascendente no nos aleja de la realidad; al contrario, nos ayuda a vivirla con más sentido, más esperanza y más amor. Porque cuando descubrimos que nuestra vida está en manos de Dios, entendemos que nada es insignificante y que incluso lo cotidiano puede convertirse en camino de santidad.

Tal vez hoy Dios te esté invitando a detenerte un momento, a hacer silencio y a mirar más hondo. No tengas miedo. En lo profundo, Él te espera.

Raúl Mir