Seguro que habrás oído muchas veces decir: “Eso es el Karma”. Lo que significa realmente es que las acciones tienen consecuencias; no que la vida te devolvió lo que le diste o que te lo merecías sino que hay una responsabilidad moral personal, pero Dios no castiga nunca.
Desde el siglo XX muchas personas se alejaron del cristianismo institucional por escándalos, secularización y pérdida de confianza. Comenzaron a buscar una espiritualidad sin normas ni autoridad, de consumo rápido. Así, las religiones orientales parecían más libres, menos exigentes moralmente y sin pecado. Se popularizó la idea de que todo era energía y que todo vuelve.
Podemos percibir una búsqueda sincera de sentido pero reemplazando a Dios por una fuerza impersonal, por lo tanto, desaparece la misericordia y el perdón. La Verdad nos hace más justos y compasivos, nos transforma, nos ayuda a aceptar el sufrimiento y a ser responsables.
La fe cristiana nos habla de un Dios que nos ama con locura, nos escucha y perdona siempre. Podemos dialogar y confiar en Él. ¿Esto lo podemos hacer con el universo o con energías?
Cuando nos pasa algo malo, aunque no lo entendamos, sabemos que Dios está con nosotros y nos va a sostener. Sabemos que no estamos solos. Lo ponemos en sus manos para que lo transforme y nos abra los ojos.
Si fuera verdad la regla del Karma, a los que hacen el mal les iría mal y a los que hacen el bien, les iría bien. Y eso no es la realidad. Todos conocemos gente que no tiene buenos comportamientos y la vida les sonríe (aparentemente), y gente que va por la vida haciendo el bien y les llegan varios sufrimientos. La vida es otra cosa. Los actos tienen consecuencias y es algo a tener en cuenta.
Nosotros somos responsables de nuestros actos y la justicia llegará tarde o temprano, así que si actúas mal, las consecuencias llegarán. Da la sensación de que automáticamente, el mal trae mal y el bien, bien. Pero en la realidad, vemos que no ocurre esto.
“Lo que hagas, se te devolverá” es una justificación también del sufrimiento ajeno porque deduce que habrás actuado mal y tendrás tu castigo. La justicia llegará, es verdad, pero como algo bueno y edificante. El bien y el mal no son indiferentes, tienen consecuencias reales.
La ley del Karma hace olvidarnos del Perdón y la esperanza. Podemos arrepentirnos, ser perdonados y volver a empezar. Lo que hayamos hecho mal no nos condena para siempre. Hay esperanza, por supuesto. Dios rompe la idea de causa-efecto automática, cura, perdona, asume nuestro pecado…..Nos da algo más profundo como la Gracia, Perdón y Redención.
Ni el mal que sufrimos es castigo, ni el bien es premio directo; Dios actúa con amor, no como una ley mecánica.
Así que la próxima vez que oigas a alguien hablar del Karma, piensa que está un poco desorientado y no conoce todavía el AMOR verdadero, que te tiende la mano cada día y no te deja solo.
Marienma Posadas







