¿Cómo ser un don para los demás?

Cambiar el mundo

Sin Autor

Hoy hay una enfermedad silenciosa que va carcomiendo poco a poco nuestra Sociedad: el individualismo. Consiste en la idea de vivir solo por y para mí, de ser únicamente un don para mí mismo.

Sin embargo, esta no es la forma de vivir de los cristianos. Pues, estamos llamados a ser don para el otro. ¿Entonces, qué es ser don? ¿Cómo puedo lograrlo en un mundo donde todos velan por sus propios intereses?

En este artículo te propongo cinco formas de ser don. No son cinco consejos aislados. Forman parte de un camino que se construye paso a paso.
El último, quizás, no es lo que esperas.

1. Ser servicio: lo pequeño es lo grande

Todo comienza por disponerse a servir.
No como quien hace favores esporádicos, sino como quien asume una forma de estar en el mundo. Es decir, estoy para vos.

Servir no es degradarse, sino dignificar al otro.
El servicio auténtico se da tanto en lo pequeño como en lo grande. Así, lo pequeño, si es verdadero, es grande.

¡Cuidado! No podemos servir a quien no vemos. Por eso es necesario que te hable del segundo punto.

2. Prestar atención al otro

Prestar atención es la base de todo servicio real.
No se puede servir de verdad sin haber mirado al otro. Es decir, no se puede servir sin haber escuchado, sin haber notado su necesidad concreta.

En tiempos donde la distracción es norma, prestar atención se vuelve un acto radical de amor. Es el punto de partida de toda donación concreta. Una vez que aprendemos a mirar al otro con atención, surge naturalmente una necesidad más exigente, te la cuento a continuación.

3. Hablar con la Verdad

Cuando conocemos al otro, ya no podemos conformarnos con frases vacías o verdades a medias. Hablar con la verdad no significa ser hiriente ni brutal, sino honesto y amoroso.

Así, la verdad dicha con caridad construye.
Sin verdad, no puede haber justicia ni misericordia.
Por eso, insisto sobre estos dos últimos detalles en el próximo apartado.

4. Ser justo y misericordioso

La justicia necesita de la verdad, pero también de la mirada misericordiosa.
Ser justo no es solo decir lo correcto, sino tratar al otro como persona. Es decir, reconocer su valor, su historia, sus heridas.

La misericordia no es tolerancia blanda, sino compasión firme.
El que es justo, sin verdad, se vuelve legalista. El que es misericordioso, sin verdad, se vuelve cómplice.

Ambas cosas unidas, reflejan el corazón de Dios. Cuando todo esto se vive de verdad —el servicio, la atención, la verdad y la justicia con misericordia—, se llega a una exigencia que muchas veces se malinterpreta. Sobre esta exigencia hablaremos a continuación.

5. Aprender a poner límites (aunque no lo esperes)

Quizás no esperabas que poner límites sea una forma de ser don. Sí, lo es.
Poner límites también es un acto de servicio, de atención, de verdad, de justicia y de misericordia.

Es una forma concreta de ayudar al otro a crecer. También, es una manera de no permitir que el amor se degrade en manipulación, abuso o dependencia.

Decir “no” a tiempo puede ser un acto de profundo amor.
A veces, simplemente, hay que cortar por lo sano.

***

Estas son cinco formas de ser don.
Seguramente hay otras que se me escaparon.

Te invito a comentar, a compartir tus propias formas de ser don, inspiradas en el versículo de Hechos 20,35:
«Hay más dicha en dar que en recibir.»

Sobre todo, te invito a intentarlo.
A vivir como un regalo para todos aquellos que te conozcan.
A ser un sol para los demás: uno que ilumina, no solo que brilla.