La batalla de la atención

Cambiar el mundo

Jaime Nubiola

En esta semana me han llegado dos interesantes artículos sobre la atención. El primero de Graham Burnett y otros dos autores publicado en el New York Times del 24 de noviembre. Lleva por título «Powerful Forces Are Fracking Our Attention. We Can Fight Back» [Fuerzas poderosas están cuarteando nuestra atención. Podemos contraatacar]. El segundo en La gran aldea «La crisis de atención de nuestros días» de mi amigo y colega Rafael Tomás Caldera, publicado el 2 de diciembre.

Al mismo tiempo, en mis dos semanas de docencia en la UIC, he podido comprobar cuánto les cuesta a algunos de mis alumnos mantener la atención en las clases a pesar de que sean muy activas y participativas. Quizás estén cansados de la jornada —son al caer la tarde—, quizá tienen la cabeza en los trabajos que han de hacer para otras asignaturas o en los mensajes que esperan recibir por una red social. Aun así, me parece que simplemente no tienen el hábito —no lo han adquirido todavía: son alumnos de primero— de prestar atención a lo largo de hora y media de clase, pues la imparto en dos bloques de 45 minutos con un breve descanso intermedio de 10 minutos.

Graham Burnett en su artículo en el New York Times considera que hoy en día «el problema de la atención volátil o fragmentada ha alcanzado verdaderamente proporciones catastróficas» tanto en la enseñanza secundaria como en los primeros años de universidad. Recomienda prestar atención a la atención, esto es, dedicar espacio en la enseñanza a enseñar a escuchar lo que otros dicen, a leer un texto enterándose, o a mirar un paisaje o una obra de arte. Esto es precisamente lo que las enseñanzas de humanidades habrían de lograr.

Por su parte, Rafael Tomás Caldera destaca que la atención es un regalo, porque es una «entrega de nuestra disposición, de nuestra actitud […] una entrega del yo que se hace a un lado para que podamos ver el rostro de la otra persona o aquel pequeño prodigio de la naturaleza que, como a un niño, es capaz de fascinarnos». Qué observación más penetrante que recuerda aquello que escribió Simone Weil: «La atención es la forma más rara y pura de la generosidad». La atención no es fruto del esfuerzo, sino de la limpieza del corazón que se deja llenar por lo que dice o hace el profesor, por un texto cautivador o por una obra de arte.

Para lograr esto es preciso que mis alumnos se olviden durante hora y media de su yo, de sus inquietudes y problemas del momento, y me entreguen generosamente su atención a mí o a sus compañeros que están exponiendo sus ideas. Para mí resulta siempre un desafío e intento de clase en clase cautivar la atención de los estudiantes: no siempre lo consigo.

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* Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía, Universidad de Navarra (jnubiola@unav.es).