«Tips» para cuidar el corazón y la afectividad

Cambiar el mundo

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Un pensamiento bonito y profundo de Charles Dickens: «El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el que lo conoce las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico».

El corazón es el centro y la raíz de la persona. Por eso educar el corazón, educar la afectividad, tiene la ventaja de lograr la mejora personal desde su núcleo más íntimo: en cuanto persona: diseñada para amar.

Descubrir y conquistar la belleza de los valores hechos vida que anhela el corazón del ser humano.

1* Escuchar y comprender: confianza y empatía

Escuchar es muchas veces más importante que hablar. Saber acoger a la persona con la que estamos, que quizá quiera contar algo que le preocupa, le gusta, anhela, o simplemente contar su día. Y necesita que la escuchen. Acoger y comprender es amar.

Y no siempre hay que dar una solución a lo que el otro, la otra, cuenta. Primero necesita ser escuchado y recibir afecto. Ser «envuelta» en amabilidad y cariño. Muy en especial en el noviazgo y en pareja. Luego ya vendrá dar soluciones si es necesario, y no siempre lo es.

Escuchar con calma e interés crea un clima de confianza donde uno puede abrirse y compartir momentos con otra persona. Sabe que va a ser aceptado, valorado. Y luego saber guardar lo confiado… Y esto se lleva al extremo en la relación de pareja. El otro es el mejor amigo, el amigo incondicional, y el “único” amigo con quien intimar.

Confiar en una persona es aceptarle tal como es, con sus más y sus menos, verle capaz de grandes cosas, admirarle. Saber que hay mucho bueno y bello en su interior que lucha por salir. Y es mirarle con cariño, hacerle ver su valor inmenso, la luz que porta en su interior, que emana y da sentido y trascendencia a su alrededor. Creer en ella.

De ahí la importancia del rostro para conocer los estados afectivos de la otra persona. Su ilusión y alegría, su preocupación…, sus miedos, su cansancio, su tristeza, su enfado… Hay miles de sentimientos y tonalidades. Hay que intentar comprender el corazón humano. Y esto se aprende en familia desde pequeños, pensando con cariño en los que nos rodean.

Tener en cuenta la opinión y los gustos de los demás, comprender, que es «abrazar con el corazón», percatarse por ejemplo de su cansancio, o si está en un mal momento… e intentar poner delicadeza y una sonrisa o una sorpresa para aliviar.

Tenemos esta capacidad en nuestro interior: solo hay que desarrollarla. Poseemos unas «neuronas espejo» que ayudan a captar los estados y sentimientos de los demás. Aprender a potenciar esa capacidad de la em-patía y la sim-patía tan propias de la persona.

Esta red de neuronas espejo ayuda a percibir y sentir lo que están sintiendo otras personas con solo verlas. Incluso a preveer su comportamiento, o adivinar lo que necesitan. Es la base de las relaciones personales, algo tan importante done se «cuece» gran parte de la felicidad del ser humano.

Así comprender de veras, conectar y ayudar teniendo un alma grande, generosa, capaz de querer.

2*  Aprender a amar 

¿Por qué esto es tan relevante? Estamos diseñados para querer y sentirnos queridos. Es una necesidad afectiva de la persona, ineludible, que nos encamina hacia la felicidad.

Y es más propio del amor dar que recibir, como ya apuntara Tomás de Aquino. «Lo contrario a utilizar», que diría el gran Juan Pablo II.

Y es relevante porque la felicidad tiene mucho que ver con esto. Y depende de la capacidad de amar de cada uno.

Una persona que quiere mucho es muy feliz, mientras que si solo lo hace cuando le conviene, no podrá serlo tanto… Porque, como señala el profesor Tomás Melendo, «la felicidad es directamente proporcional a la capacidad de amar de cada persona». Es consecuencia de esa plenitud personal que da el amor… Cuando amamos mejoramos como personas, y por tanto nos sentimos más plenos y felices.

Pero, en esta sociedad del bienestar y de lo efímero, muchas veces solo preocupa el sentirse «a gustito»: el placer de receptor epidérmico, superficial, las emociones instantáneas, la felicidad casi ficticia. Sin pensar en los motivos de fondo, sin poner esfuerzo, sin saber si nos mejora o no como personas, que en eso consiste la plenitud personal, en ser mejores. Y sin esto todo es aparentar, postureo y superficialidad, y algo que no llena pues va por un camino que se aleja.

3* Crecer por dentro    

La felicidad va por dentro, por la persona interior que conquistamos, por la calidad personal y las virtualidades de cada uno cultivadas con esfuerzo. Por ser una buena persona, con capacidad de lucha por mejorar, por apostar por la mejor versión, que siempre está en relación con los demás, como ya apuntara V. Frankl… Cada uno la suya, ¡singular y específica!

El crecimiento personal es consecuencia de pensar en los demás, de quererles. Es lo que aporta una personalidad con ese despliegue de cualidades y virtudes, tan relacionadas con la afectividad de cada uno. Porque, lo bueno y noble nos hace disfrutar. Se trata de desarrollar esa capacidad en las distintas circunstancias de la vida, con las personas con las que nos relacionamos: en familia, con amigos, en el noviazgo o en pareja si es el caso…

Algunas virtudes para entrenarse:

–  La generosidad de corazón con los que tenemos cerca.

• La sensibilidad ante la belleza de lo bueno, finura de espíritu para captar los detalles y lo valioso de las personas. Cultivar la imaginación y creatividad de forma inteligente, poniendo el corazón en ello. La biología y los genes nos ayudan ser creativos. Despertémoslos.

• El optimismo para descubrir y apuntar a lo mejor…, que da fuerza, ánimo y motivación para subir a una cima que merezca la pena.

• La fortaleza: voluntad bien entrenada. Tener pequeños objetivos y retos alcanzables en los que vencerse. También puede ayudar el deporte con amigos, el senderismo, etc. Además, la voluntad da autodominio personal y posibilita llevar las riendas de la propia vida.
• También la empatía y la alegría de ayudar, de ser generosos.

• La libertad, unida a la responsabilidad sobre las actuaciones personales. Ser libre no es hacer lo que «apetece», sino tener autodominio para enfocarse en retos valiosos. Y uno de ellos es querer a los demás.

Además todas las cualidades y virtudes se relacionan, y cuanto más virtuosa es una persona más disfruta de esas acciones… Ya lo decía Aristóteles. Dan una facilidad permanente, pues «virtus» significa fuerza.

4* Señorío y control emocional

Con todos estos componentes podemos forjar una buena personalidad con coherencia y belleza interior. Así como aprender a manejar emociones y pasiones para que nos ayuden en la vida, y no sean como ciclones que arrasan sin dirección ni control… Tener una estrella polar en el horizonte que ilumine y nos guíe.

Como decía antes, es importante aprender a pasar por el pensamiento las emociones y los impulsos más primarios para poder manejarlos bien. Por tanto, “en tu interior pensarás lo que el corazón te dice”… Así pilotar la propia vida, e ir logrando una conducta y una personalidad armónica, con las cualidades y fortalezas singulares de cada uno, con los anhelos de infinito del corazón.

Con palabras de una escritora, Marguerite Yourcenar, «escuchar a la cabeza, pero dejar hablar corazón»… poniendo cariño en las relaciones personales, verdaderamente humanas.

5* Perdonar

Cualquier relación necesita del perdón para no quebrarse. Saber perdonar y pedir perdón cuando uno se equivoca, o molesta los demás. Incluso cuando se sienten heridos… Es bueno ser empáticos, delicados, sencillos, tender un puente.

Aprender a perdonar lo que sea preciso, porque todos somos más vulnerables de lo que parece, y muchas veces necesitamos más cariño… Hay que liberar esos odios, rencores, culpas y prejuicios. Como dijera Walt Disney: “La vida es demasiado corta como para no perdonar…”

El perdón sana el alma y hace posible una afectividad positiva en el trato con los demás que construye relaciones, y nos torna más felices, pues va en la misma dirección que la biología del cerebro, y los anhelos del corazón…

 6* ¿Sufrir…?, el amor y el dolor  

El amor conlleva muchas veces sufrimiento. Querer es poner al otro, a los otros, en el centro del corazón, aunque a veces requiera esfuerzo o pueda costar. Hay que perder el «miedo» a sufrir por alegrar a los demás, por amar en definitiva. Si no, el miedo nos quita libertad, nos hace más «cobardes», nos impide amar. Y de esa forma uno se va empequeñeciendo, centrándose en el «yo», y así ¡no se puede ser feliz!

Como señalara el gran Agustín de Hipona: «Si no quieres sufrir, no ames; pero si no amas, ¿para qué quieres vivir…?

Querer a los amigos, compañeros, en familia, en pareja…, cada uno en su situación concreta. Tener un proyecto de vida con sentido profundo, cuya «estrella polar» que ilumina y orienta sea el amor. Así el amor torna «gustoso» cualquier sacrificio por los demás.

También descubrir el poder del amor para sanar el dolor, tanto al darlo como al recibirlo. Todos lo necesitamos… Y algo bueno del sufrimiento es que despierta compasión en los demás, y es importante, pues es una forma de conectar y ayudarse con empatía y delicadeza para salir de uno mismo, y para paliar ese dolor.

7* Ayuda y servicio

Qué bueno es ayudar a los demás, tener espíritu de servicio, poner corazón y afectividad en las relaciones personales. Entrenarse en ello aprovechando esta tendencia natural que tenemos para ser comprensivos, leales, para ayudar y cooperar. Sacar provecho de ese cerebro social y empático que se nos ha regalado. Colaborar en causas nobles, voluntariados… etcétera, llena el alma y hace sentirse mejor. Y el resultado es la alegría sana que uno desborda a su alrededor.

Por eso es bueno buscar muchas oportunidades de ayudar: en la familia, con los amigos, en voluntariados… poniendo cariño en cada encuentro, en cada conversación, en cada trabajo. Aprender a ponerse en el lugar del otro, empatizar, sintonizar, aprovechando esas capacidades humanas, afectivas, connaturales de la persona.

Con palabras de Tolstoy:

 «De igual modo que una vela enciende a otra,
así llegan a brillar miles de ellas;
así enciende un corazón a otro, y se iluminan miles de corazones.”

 

Mª José Calvo
Optimistas Educando y Amando
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