Javier Pereda Pereda

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Apenas lleva dos semanas en las librerías el ensayo científico y divulgativo del doctor Miguel Ángel Martínez-González: “Salmones, Hormonas y Pantallas” (Editorial Planeta), y ya está disponible la segunda edición. Todo apunta a que este nuevo libro del catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra y de Nutrición en la Universidad de Harvard, repetirá como “best seller”; así ocurrió con “Salud a Ciencia Cierta” y “¿Qué comes?”, sobre la dieta mediterránea.

Puede desconcertar el sugerente título de esta obra, que hace referencia a los salmones, esos peces que se caracterizan por nadar a contracorriente. Lanza un guiño a todas esas personas —de forma especial a la gente joven— que no solo resisten a la presión contraria del ambiente, sino que con argumentos saben superarla y remontarla.

Hay que agradecer al profesor Martínez-González la generosa contribución para mostrar con datos científicos la verdad a muchas personas jóvenes, sometidas a una presión cultural que les hace perder la perspectiva de la realidad. Este investigador, galardonado el pasado año con el prestigioso Premio Gregorio Marañón, señala con claridad los efectos entre los jóvenes y en la salud pública del uso adictivo de las pantallas, los teléfonos móviles y de las redes sociales: “Captúralos a los trece años, y ya los tendrás como clientes para toda la vida”. Por eso, sería recomendable que este texto fuera explicado detalladamente en los colegios desde esa edad o antes.

Se trasluce la experiencia directa de este docente durante más de 40 años con estudiantes universitarios, y de ahí el diagnóstico certero y las soluciones animantes que ofrece para preservar la salud mental.

Llama poderosamente la atención la claridad, persuasión y agilidad con que están escritas las más de cuatrocientas páginas, con otras tantas notas bibliográficas, casos clínicos y códigos QR, que, lejos de dificultar la comprensión, resultan de lectura imprescindible para los adolescentes, universitarios, padres y educadores.

Este investigador malagueño, que comenzó la carrera de medicina en Sevilla, la continuó y se doctoró en Granada, imparte docencia en Pamplona y en distintas universidades americanas como en Massachusetts, tiene estrecha vinculación con la Universidad de Jaén, capital mundial del aceite de oliva, donde lideró el proyecto “Predimed”. Propongo que, desde cualquier institución o foro, se le invite a impartir una conferencia en la ciudad, porque aborda aspectos decisivos para el presente y el futuro de la sociedad.

Antes de que se publicara el libro leí los doce capítulos del índice y comprendí la dimensión del trabajo. Resultaba prometedor abordar temas que afectan a la salud pública como las pantallas y redes, el botellón, adicciones, la pornografía, promiscuidad, enfermedades de transmisión sexual, el negocio de los anticonceptivos, el aborto, el suicidio, la salud mental, depresiones, carcinomas, la violencia de pareja, hogares fuertes, si compensa casarse. Todos ellos, aspectos vinculados dentro de una misma realidad epidemiológica. La incógnita radicaba en cómo se cuestionaría la superioridad moral de la ingeniería social desde la medicina preventiva.

En mi opinión, el éxito del libro consiste en obviar planteamientos ideológicos y consejos moralistas, centrándose en la evidencia del daño comprobado. No se trata de reflejar unas frías estadísticas a nivel global, sino que, además, desde una orientación humanista, se aportan recomendaciones positivas y esperanzadoras para una conveniente sanidad pública.

El autor se remonta al proceso cultural de la Revolución Sexual de Mayo del 68, que, para liberar a la mujer, implantó una mentalidad anticonceptiva. Demuestra que la campaña de “póntelo-pónselo” de los 80, aumentó la promiscuidad sexual, con el entonces virus (VIH) y carcinomas (mama, útero, papiloma, etc.).

Muchos Gobiernos para implementar medidas de salud pública anteponen los criterios ideológicos a los informes de los expertos científicos. De ahí su esquizofrénico papel de pirómano por las mañanas y de bombero por las tardes. Se denuncia sin ambages los millonarios negocios lucrativos de las multinacionales, que promueven determinados fármacos, aunque no resulten saludables.

Se diagnostica que “el rey está desnudo” y, como ocurriera con Gandhi, Nelson Mandela y Luther King, Martínez-González invita a una revolución cultural de los salmones contra los clones de la corrección político-social. El aporte científico de este trabajo confirma que la sexualidad es una manifestación maravillosa y sagrada de la persona humana, que no se puede banalizar ni juguetear con ella. Porque siguiendo el refrán castellano: “Dios perdona siempre, los hombres a veces y la naturaleza nunca”.