Javier Pereda Pereda

 javier.peredapereda@gmail.com

El polémico e imprevisible Mundial de fútbol de Qatar tendrá como campeón a Francia o Argentina, que ya en dos ocasiones han conseguido este galardón. Polémico al comprobar la corrupción con el tráfico de intereses económicos, salpicando hasta la vicepresidencia de la Eurocámara. Imprevisible porque algunas selecciones favoritas como Brasil, Inglaterra, Portugal o Alemania, ni siquiera han llegado a semifinales. El factor suerte ha sido crucial: en la eliminatoria de Francia contra Inglaterra, una final anticipada, no se clasificó la mejor. España ha vuelto a demostrar que el “tiquitaca” sin gol fue un sistema que funcionó en 2010 con otros jugadores; con el hándicap de un exentrenador sobreactuado y poco “nacional”.

La vencedora moral del mundial, Marruecos, se ha convertido en la selección revelación, al llegar a semifinales haciendo historia; su pundonor hace mención al seudónimo “Los leones del Atlas”. Un equipo bien entrenado por Walid Regragui, que motivó a los jugadores llamando a sus madres, y eliminó a equipos teóricamente superiores como Bélgica, España o Portugal; jugó mejor que Francia y demostró saber defender y saber atacar. Con un buen portero y un ordenado sistema defensivo de dos barreras, se ha caracterizado por su descomunal derroche físico, sin figuras especiales.

La actual subcampeona, Croacia, vuelve a las andadas, al asegurar el tercer o cuarto puesto, después de eliminar a la pentacampeona, aunque ésta jugó mejor. Para la final, esperemos que no influya los malos arbitrajes realizados, al modo Mateu Lahoz. En el plano individual, Messi, siete veces “Ballon d´Or”, intentará levantar la copa de 6 kilos de oro de 18 quilates, con base de malaquita, que representa dos figuras humanas recibiendo la Tierra; su competidor, Cristiano, se despidió llorando desconsolado. No han faltado las críticas de los periodistas y las naciones para denunciar la vulneración de los derechos humanos en el Estado islámico catarí, y contra la FIFA. Las selecciones ya comienzan la planificación deportiva para el próximo Mundial de 2026 en Canadá, Estados Unidos y México.

Me quedo con dos imágenes que trascienden el fútbol y muestran la grandeza de las personas, después de lamentar los gestos antideportivos de los jugadores argentinos contra los neerlandeses, con Messi recriminando a Weghorst: “Qué mirás, bobo”; lo suficiente para descartarles como campeones en la final. Para ser un gran jugador se necesita ser una buena persona; la elegancia de perder y ganar.

La primera anécdota ocurre tras quedar eliminada Brasil ante Croacia; después del empate a un gol en la prórroga, por lo que se necesitó la tanda de penaltis desde los nueve metros. El delantero brasileño Rodrygo Goes falla su lanzamiento, que contribuiría a la eliminación de la canarinha. Sin embargo, el capitán croata de 37 años, Luka Modric, marca con aplomo. Al pasar a semifinales el centrocampista balcánico abrazaba al brasileiro —compañeros en el club catorce veces campeón de Europa— con la ternura de un padre al hijo, y le alentaba con persuasión: “Vamos, fuerte, no pasa nada, eh; todos fallan; tú vas a volver más fuerte. Te quiero”. Antes, el genial futbolista se había abrazado con Casemiro y luego con Neymar, para consolarles en la derrota.

La segunda anécdota tiene el mismo protagonista, a quien todos los entrenadores les gustaría tener en sus filas, por su indiscutible liderazgo. En esta ocasión se trata de la conmovedora confidencia entre quien fuera Balón de Oro en 2018 con Dominik Livakovic, el joven portero de su selección. En la conversación, sin percatarse que les estaban grabando, le corrige con delicadeza por el aprecio que le dispensa: “tienes que estar más integrado en la selección”. A la vez, le disculpa y comprende alegando la gran presión existente, pero tiene que intentar evitar transmitir inseguridad. Acto seguido le señala la causa: el miedo que tiene a fallar; pero le tranquiliza al explicarle que todo el mundo comete errores. Acaba aportándole ánimo sincero y confianza: eres un gran portero. Los resultados de esa conversación se reflejaron en el resto de encuentros.

En todos los ámbitos de la vida —familia, trabajo, amistades, relaciones sociales— supone un privilegio contar con un Modric. Ese amigo leal, paciente y positivo que aconseja y acompaña, que con amabilidad señala los defectos para combatirlos, que transmite su experiencia y comprensión para afrontar las dificultades, constituye el mejor regalo que podemos buscar, encontrar y pedir siempre, especialmente en Navidad.