Octubre ¡qué recuerdos!… los vientos de un otoño que se avecina, el mes del rosario… y el recuerdo familiar de un cuadro muy antiguo que le obsequió un amigo alemán (en el año 1936) un amigo alemán (en el año 1936) a mi abuelo en la ciudad de Belén: el cuadro de la Virgen de Schoenstatt (réplica del original).

El cuadro original, pintado por el artista italiano Luigi Crosio, fue comprado por las hermanas de Schoenstatt y desde entonces ha sido llamada Madre Tres Veces Admirable, ¡piropo hermoso! símbolo clave del movimiento de Schoenstatt, por ser Madre de Dios, Madre del Redentor, y Madre de los Redimidos.

Pero, ¿por qué tantas advocaciones diferentes de la Virgen María?

Como buenos católicos, sabemos que no se trata de “varias” (por más que hablemos de la Virgen de Fátima, la Virgen de Lourdes, la Virgen de Guadalupe, María Auxiliadora o cualquier otra de las múltiples advocaciones o títulos existentes).

Existe una única y misma Virgen María, Madre de Dios y Madre de todos los hombres, que se ha aparecido o manifestado en diversos lugares: en Portugal, en Lourdes o en México.

Al hablar de la Virgen de Schoenstatt, queremos decir lo mismo: es la Virgen María que se ha manifestado a través de una alianza de amor en la aldea Schoenstatt.

Hoy, más de 100 años después, se trata de un día de recuerdo, pero más que recuerdo: de renovación de la alianza de amor sellada un 18 de octubre de 1914 por el Padre Kentenich junto a otros seminaristas y jóvenes marianos con la Santísima Virgen María. (Algo semejante a lo que es el día 13 de mayo para los que están vinculados a Fátima o 12 de diciembre para los Guadalupanos).

Qué necesario es «parar», periódicamente, en nuestro diario trajinar, para elevarnos por encima de los problemas cotidianos y recordar los grandes hechos obrados por el Señor a favor nuestro. Un día grande, en la historia del siglo XX, fue aquel 18 de octubre de 1914, cuando la Santísima Virgen, respondiendo al anhelo y al pedido del Padre José Kentenich, quiso vincularse a esa capillita, semi-abandonada, en el valle de Schoenstatt, convirtiéndolo así en un hermoso santuario.

Nace como un movimiento católico de renovación moral y espiritual para laicos, el cual enfatiza vivir de acuerdo a las enseñanzas del Evangelio a través de la conducción y el ejemplo de María.

Día de recuerdo, pero, a la vez, día de renovación, ¿quién no está de acuerdo que en este mundo, cada vez más descompuesto, todo aquello que no se renueva constantemente, con el tiempo tiende a decaer, bajo la irremediable “ley de gravedad espiritual»?

Justamente por eso, esta imagen nos debe hacer renovar el compromiso de vivir cada vez más unidos, en familia, al lado de nuestra Madre por excelencia: la Virgen María, porque ella nos ha regalado a su Hijo para darnos vida, y al hacerlo así, María renueva también la alianza que ha sellado con nosotros.

El movimiento mismo ha experimentado cómo, el amor de María, hace posible que los fieles crezcan en un amor vigoroso por Cristo, por el Espíritu Santo, y por Dios Padre, guiando al laico a un amor más cercano a la Iglesia y al prójimo.

Ya lo decía el Papa en una ocasión: una espiritualidad auténticamente mariana lleva a un amor profundo por la Iglesia, quien al final es nuestra Madre en la tierra.

Randa Hasfura Anastas

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