Vivimos en una sociedad en la que la riqueza, lujo y bienestar crecen a pasos agigantados. Estamos en un momento donde el nivel de vida es demasiado alto, demasiado alto como parar querer bajarlo y sobre todo, demasiado alto como para que el deseo de dinero y de todo lo que éste puede dar no brote en nuestro interior.

Y entonces comenzamos a valorar, priorizar y dar importancia a lo superfluo, insignificante, banal. Al tener y acumular. Al poseer y disfrutar. Y nunca es suficiente, siempre tenemos sed de más.

Por eso, María, no te dejes engañar por el camino que te quieren marcar. Te dirán que en la satisfacción de tus deseos insaciables encontrarás la felicidad. Pero no es verdad. Y lo sabes. Porque lo has vivido en primera persona.

Has experimentado que por más que tengas, compres o hagas en pro de tu beneficio personal, la felicidad no rebosa y crece en tu interior como sí lo hace el vacío e insatisfacción.

No vivas apegada a lo material, eso te hace esclava, y sería una pena que perdieras así tu libertad. Estás hecha para mucho más. Para darte y desvivirte por los que tienen y se mueren de hambre, no sólo de pan, sino de escucha, amor, respeto y comprensión. De ser alguien para alguien.

Que tus manos sirvan y tu corazón irradie y ofrezca amor.

Esto te llena el alma. Calma tu sed. Porque es el sacrificio de uno mismo, y no el vivir para uno mismo, lo que da felicidad eterna. Y paz inmensa.

Por eso, a pesar de que como persona libre puedo gastar mi dinero y tiempo para mí misma, lo que quiero es darme yo misma.

Madre Teresa decía que para conocer y comprender a los pobres hay que saber qué es la pobreza, la de no tener nada. Y así, en esa pobreza elegida libremente vivía y a día de hoy lo sigue haciendo su Congregación.

Y me miro, y me siento lejos. Lejos de vivir así desde dónde y cómo estoy. Y no hay mayor dolor.

María Valera (@maria_valeraa)

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