¿CÓMO SE LE PUEDE ENSEÑAR A LA JUVENTUD A REZAR?

Cuando me propusieron este tema, pensé en mi experiencia personal con mis hijos, espero que os ayude:

La formación religiosa, de mis hijos, desde que nacieron me la planteé como una forma de vida, no solamente les enseñé a rezar, para mí era fundamental que llevara asociado el Amor incondicional a Dios y el sentir compasión por los demás.

Desde muy pequeños, intenté trasmitirles que Dios existía, utilizaba cualquier cosa cotidiana, para recordárselo. Como querían mucho a sus abuelas, les decía: ”Veis el cariño de las abuelas, mirad su sonrisa “, ahí está Dios. “Les gustaba coger “cochinillas”, Dactylopius coccus, tuvieron gusanos de seda, entonces aprovechaba para decirles que Dios los había creado y que había que respetarlos, cuidarlos. En los veranos cazaban medusas, con las famosas redes, sí, mis hijos no se han perdido una, yo volvía a insistir que las había creado Dios, no les dejaba matarlas, imaginaos la cara de la gente que estaba en la playa, porque llegan a ser muy molestas.

Rezábamos por las noches, recuerdo que Diego hablaba con Dios; cuando tenía tres años se dormía dándole gracias, era tan pequeño. Después fueron creciendo, todo el mundo me aconsejaba que no debía exigirles ir a misa. Me decían no los obligues: “Odiarán a Dios”, pero esa misma noche le dije “Diegüito» lávate los dientes y me contestó: “No”, yo le dije: “Lávatelos que se te van a picar y los vas a perder”. Entonces pensé, si no les enseño a quererle, pueden perderlo; cómo psicopedagoga sé, que los hábitos se aprenden desde la infancia.

Luego tenían que hacer la catequesis y me dije: “Yo les he enseñado a andar, sería increíble poder ser su catequista, enseñarles a Dios”, por lo que hicimos 8 años de catequesis, cuatro para Diego y otros cuatro para Cristóbal.

Seguían creciendo y me costaba que quisieran ir a misa, utilizaba un refuerzo positivo, esperaba a darles la paga después de salir de misa.

Conforme se hacían más mayores, les preguntaba qué habían dicho en misa, antes de darles su paga. Es curioso a veces se enteraban de más cosas que yo.

La elección del colegio es fundamental en su relación con Dios, este debe ocuparse no solo de su instrucción, sino también de su alma, deben tener capilla, sacerdotes que les escuchen, que les confiesen, empezar las clases rezando, es decir debe haber “hábito de Dios”.

La compasión por los demás solo se puede enseñar con el ejemplo de gente compasiva, poned en el frigorífico fotos de gente que ha dado la vida por los demás, cambiad sus ídolos, dadles otra alternativa.

Mis hijos me han enseñado a querer y entender a Dios. Si quieres aprender, enseña”. Marco Tulio Cicerón.

Luego viene la época de la adolescencia, paciencia, seguro que alguno de vuestros hijos se separará de la Iglesia, de Dios; está época duele, te pondrán muchas excusas, que sus amigos no van, que es un “rollo”, que cuando sean mayores y tengan sus propios hijos, ya volverán a ir, pero no se dan cuenta de que se van a perder ese amor de Dios durante ese tiempo y su vida no va a ser ni más rica, ni más fácil, por mucho que piensen que es una pérdida de tiempo: Rezar e ir a misa.

Entonces, solo nos queda como padres, pedirle a Dios que no se olvide de ellos, Él nos ve preocupados, pero cómo es compasivo te recuerda con pequeños detalles, que siguen creyendo, que hemos sembrado, que el trabajo está hecho y que tarde o temprano dará su fruto.

Enseñarás a volar,

pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,

pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,

pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…

en cada vuelo,

en cada vida,

en cada sueño,

perdurará siempre la huella 

del camino enseñado.


Santa Teresa de Calcuta



Amelia Bueno Sagra

Especialista en Psicología Legal y Forense


Foto: Cazadores expertos de medusas, Salobreña 2001.