Fe, dosis para el alma y espíritu.

¿Por qué la fe es tan esencial para un católico al alma, como lo es el oxígeno y alimento al cuerpo físico? Soy una católica mexicana que intenta vivir su fe, dentro de la limitada condición humana, lo mejor que se puede, sin olvidar, siempre agradecer a Dios por la existencia propia pues es por y para Él que estoy aquí compartiendo un poco de mi experiencia.

En mis 36 años de vida y teniendo una vida laica (sector privado/empresarial) puedo decir que Dios me llamó a su camino a través de muchas experiencias muy dolorosas y difíciles, pero no fue hasta hace 2 años que realmente lo escuché pues toqué fondo. Nunca fui una hija, amiga, hermana, novia problemática pero si muy tibia en mi fe y creencias católicas. No que ahora me sienta muy digna de Dios, es más, me acerqué a Él precisamente por necesitarlo de forma desesperada y es por ello que agradezco con humildad el dolor y adversidad que me hicieron voltear al camino correcto. No quiero confundir, todos los días tropiezo y peco más seguido de lo que me gustaría y no me enorgullezco de ello, sólo soy sincera. Dios me ha mostrado su magnificencia a través de muchos milagros y una misericordia inigualable. Me gustaría contar todo a detalle, cómo empezó y este proceso de conversión que a diario forjo con mucho esfuerzo, sin embargo, lo que quiero expresar va más allá de cualquier circunstancia que todos viven con sus vicisitudes y no se trata de mí, sino de Dios.

Hablar de Él es un honor y vivir mi fe es un compromiso de amor, entrega y dedicación total a sus designios. Fácil no lo es, requiere de un esfuerzo y humildad que nunca imaginé sentir. Esfuerzo al orar, rezar y dedicar mi vida a un apostolado de caridad con el prójimo. Humildad porque sólo es a través del dolor físico y espiritual que uno reconoce su pequeñez y la necesidad de poner a la Santísima Trinidad como eje y guía principal en la vida.  Intentar vivir en constante gracia, tarea complicada, implica un conocimiento más amplio que lo estoy aprendiendo a través de asistir a misa Jueves y Domingo, leyendo los evangelios, confesando mis pecados y haciendo la penitencia que me asigna el Sacerdote. Asisto a Adoración Eucarística, todos los jueves y al visitarlo me da más gusto a mí poder hacerlo en compañía de mis papás que cualquier fiesta, cita, proyecto, logro…Estar en frente del Santísimo me llena de paz y gozo indescriptible y algunas veces lo siento y me habla. Soy muy amada y bendecida por mi Salvador, lo cual agradezco con toda mi alma a Dios Padre el habernos dado a su Hijo Redentor y tener la posibilidad de disfrutar de su misericordia y de las gracias y dones de Dios Espíritu Santo. Cada año, en Semana Santa, hago indulgencia plenaria y todos los primeros sábados de cada mes me confieso y comulgo para reparar las ofensas al Inmaculado Corazón de María, Nuestra Amada Madre Celestial.

Hay instrumentos muy poderosos de los que me valgo para seguir a diario en este proceso y aunque es complicado por las responsabilidades diarias, intento siempre rezar La coronilla de la Divina Misericordia, El Santo Rosario y las Alegrías y Dolores de La Virgen María. Siempre encomendando a mi familia y a mí a la Divina Providencia y al Santo Inmaculado Corazón de María porque estoy consciente, que sin María no sabría cómo llegar a Jesús y sin Jesús no sabría cómo llegar al Padre a través del Espíritu Santo.

Este pequeño fragmento del como vivo mi fe es inspirado por el Espíritu Santo para orden y gracia de nuestro Señor Jesucristo y servicio de quien quiera ser amado y bendecido en la alegría permanente de saberse un católico que vive su fe. A diario tenemos que pedir a Dios ser luz y alegría para nuestros seres amados y de todo aquel con quien tengamos contacto para ser verdaderos evangelizadores de obra y acción.

Que Dios te llame y sepas escucharlo y aceptarlo y entregarte a sus eternos y santos designios con perfecta voluntad pues siempre será lo mejor, sin duda alguna.

Karla Cesar Vargas