Siempre dispuesto para alegrarte el día

“No vine aquí para hacer amigos / pero sabes que siempre puedes contar conmigo”. Los seguidores tardíos de Loquillo todavía estamos desconcertados con nosotros mismos, puesto que no hemos hecho caso alguno al gran José María Sanz en nuestra (ya no tan) corta vida.

Si por algo nos gusta y tarareamos sus canciones en la ducha es porque, sin grandes pretensiones, el barcelonés se pone de nuestra parte y le canta a las virtudes (¡!), la familia o la tradición. Todo un despropósito en los tiempos que corren. Loquillo es un punk, pensamos.

Por ejemplo, dice textualmente en uno de sus temas: “en el calor de la noche / a plena luz del día / siempre dispuesto para alegrarte el día / hombre de bien / a carta cabal / y como el duque: / feo, fuerte y formal”.

Reiteramos: nos gusta Loquillo y nos da una alegría enorme esta estrofa en concreto. Primero, porque habla abiertamente de la amistad. Complementa el otro verso (“sabes que siempre puedes contar conmigo”).

En lugar de los manidos mensajes que tanto se repiten en Operación Triunfo y en la música comercial (“te necesito”, “te echo de menos”, “dame tu calor” y demás sentimentalismo blandito), Loquillo, con una determinada determinación que nos recuerda a la de Santa Teresa de Jesús, no se pone en el centro y reclama la atención; al contrario, concibe la amistad como una entrega personal en la que pesa más lo que uno da que lo que recibe.

Algo que nos alivia y reconforta, porque esta actitud brilla por su ausencia pero es con la que nos identificamos. Bendito el amigo que nos quita el sueño y nos tiene en vilo, que nos hace mejores personas porque consigue volvernos amnésicos de nosotros mismos, que nos tenemos ya muy vistos. Y bendito también Loquillo, por darnos la opción de cantarle a esta actitud tan poco convencional, la de alegrarle el día a los demás en lugar de buscar que nos entretengan.

Y, en segundo lugar, lo tenemos que decir, nos pone especialmente contentos esta canción porque ensalza al feo, fuerte y formal, el opuesto al modelo de hombre de hoy. Un golpe en el rostro al ‘postureo’, que tanta acidez provoca.

Varones, de verdad: empieza a cansar ya el ansia aquélla de ser guapos a toda costa, más pendientes del espejo y de haceros selfies que de mirar a los (y las, por favor, lenguaje inclusivo) demás. Entre el adonis inmaduro y el malencarado pero hombre de bien, a carta cabal, a veces no se cumplen las apuestas. Fijaos en Loquillo.