Los problemas de un párroco de un pueblo.

Justo hace pocos días, reflexionaba sobre la posibilidad de tener ayudas en las tareas que vengo realizando en la Parroquia. Hay días, casi todos, que te gustaría llegar a más sitios o estar en simultáneamente en varios lugares. Está claro que es complicado, tanto una cosa como la otra, no dependen de mí.

La disminución del clero, el aumento de pueblos en cada unidad pastoral, obliga irremediablemente a priorizar. No sé si es lo más complicado, pero acaba siendo una decisión personal muy difícil de tomar y más difícil de comprender. Cuando hay un enfermo de larga duración en el Hospital de Albacete, a más de cien kilómetros de casa, ¿vamos a visitarlo o no? No habrá cosas más urgentes que hacer en la Parroquia, ¿y en el pueblo de al lado? Si vienen los técnicos de las campanas a reparar algún desperfecto, o pasan a recoger los extintores para su revisión, ¿tenemos que dejar de rezar o rezar más tarde? ¿Si un sacerdote amigo de la familia, viene al entierro de un vecino, le acompañamos o lo dejamos a su suerte? No sé si podemos llamarle problema pero dudas por el estilo surgen varias veces a la semana.

Inversamente proporcional a la multiplicidad de tareas, encontramos la disminución de la población. El nuevo obispo de Ávila dijo que quería empezar dedicándose a la educación, las vocaciones sacerdotales y el problema de la despoblación. Le contesté a la delegada de medios de comunicación diciéndole que las dos primeras son arduas y encomiables, pero que la tercera me parece imposible. Se impone la realidad porque la vida en la ciudad, sobre todo para los hijos, ofrece más oportunidades (pienso ahora en los niños que juegan al fútbol en equipos renombrados, la facilidad para el refuerzo en academias, los amigos de los fines de semana, o el cierre continuado de centros médicos, oficinas de bancos). Cada vez seremos menos en los pueblos, y eso es una ventaja pastoral para la vida de la comunidad parroquial, pero una dificultad para el crecimiento formativo, las peregrinaciones, y otras actividades, porque o vamos todos, o no podemos organizarlo. A poco que falten dos matrimonios, se tiene que suspender la actividad. Esto en la ciudad no pasa, porque hay más población, o pueden acudir desde otros puntos. Estar dispersos es una dificultad muy clara.

También el clima puede ser un problema para acudir. Es muy difícil que, por estos pueblos, más allá de las cinco y media de la tarde, puedan acudir a la Parroquia, primero porque nadie sale, y segundo, porque hace mucho frío. Nadie va a catequesis a dos grados bajo cero, en casi ningún lugar. Se quedan en casa, con todo el derecho del mundo. Por ese motivo empecé a dar las catequesis para adultos a través del canal Youtube, y ahora por Radio María. El que no se adapta puede atascarse en su actividad pastoral o acomodarse en una rutina que acaba matando el celo del párroco y de cualquiera.

Las distancias también pueden influir en el cansancio. Y el cansancio puede provocar accidentes o similar. Publiqué hace poco dos vídeos sobre los peligros del cura rural. El coche quizás sea el más importante. Sucede que trabajo un día a la semana en el obispado de Cuenca. En el tiempo que sólo voy y vuelvo, desde mi ciudad natal, Barcelona, se llega a Zaragoza. Las distancias son impactantes. En treinta kilómetros no he salido de mis parroquias. Sin embargo, hay muchas ventajas al desplazarse. Hay muchos regalos en estos pueblos, es muy hermosa la cercanía y la sencillez de todos. Pero quizás eso queda para otro artículo.

Quisiera terminar con una palabra sobre las críticas. Por aquí dicen: pueblo pequeño, infierno grande. Se refieren a que todo el mundo está pendiente de todo. Tristemente, me equivoco muchas veces, la gente lo detecta, lo comenta, lo agranda o lo inventa. Al principio intentaba atajarlo, pero me enseñaron ellos mismos, que el agua turbia hay que dejarla pasar. Si se ataja, se estanca, y hace un efecto presa, que si se rompe arrambla con todo. Si  alguna vez te critican, reza por ellos; y siempre, escucha, porque de ser verdad, habrás ganado un consejo, y el otro una obra de misericordia como es corregir al que yerra. Aunque, siempre, en todos los casos, es mejor hablar a la cara, que cotillear por la espalda.

Como podéis ver, no son dificultades graves, pero sí que os pido una oración por estos pueblos, en agradecimiento a la paciencia que tienen con su párroco, y para que no sea obstáculo nunca de su trato con el Señor. La paz+

P. Antonio María Domenech