El silencio me asusta

Buscamos la compañía en muchos momentos del día, pero a buena parte, nos aterra la idea de estar solos o la experiencia de notar como un gran silencio nos viene encima y ese silencio incómodo, deja hablar a nuestra “voz interior”; la conciencia. Entonces, ¿cuáles son nuestras reacciones más comunes para evitar el malestar de estar en silencio? Lo primero, aclaro, ya que no soy de dar por hechas las cosas; que se pueden dar dos tipos de silencio: el exterior, el que percibimos a través del sentido de la audición, el interior, el que detectamos en nuestra mente. Dicho esto, puedes sacar por conclusión que muy probablemente, vivimos en un constante ruído, pues lograr alguno de esos dos tipos de silencio, nos cuesta bastante conseguirlo.

Respondiendo a la pregunta de antes, nuestras reacciones más comunes, unas veces será que el ambiente sea tranquilo, de prácticamente sin sonidos distractores, pero nuestra mente está en algo que nos preocupa y nos resulta casi imposible apartarlo, otras por estar en un ambiente de muchos ruidos externos y un amplio abanico de ideas que llenan nuestra mente sin pensar con claridad, y en otros casos en un ambiente aparentemente en calma, huimos de esa tranquilidad de nuestro interior por si escuchamos ahí dentro, algo que nos gustaría recordar o tratar, entonces nos buscamos alguna actividad para “aprovechar el tiempo”, escribir algún mensaje a alguien o ver esos vídeos graciosos que me han pasado, ojear alguna curiosidad, entrar en tus redes sociales, leer unos apuntes o un libro que sea entretenido, mirar el correo electrónico, ponerme los cascos y escuchar la radio o música… lo que sea para no enfrentarme a estar a solas conmigo mismo, mi conciencia y aparezca Dios. Ojo, no quiero decir con todo esto, que lo mencionado tenga que ser inapropiado, sino que según las circunstancias; pueden ser fantásticas excusas para no dedicar tiempo al recogimiento y ver hacia dónde vamos y qué quiere Dios que caminemos para su plan de felicidad para nuestro caso particular en el servicio a los demás.

¿Puedo hacer algo para vivir el silencio con menos temor?, ¿cómo afrontarlo?

Claro que sí, la Virgen María, es Nuestra Madre, ejemplo de recogimiento; caridad con todos, es decir amor hasta en los más sencillos detalles de cada día, de acoger y meditar en su interior aquello cuanto vivía, qué mejor ejemplo que Ella durante la Pasión de Su hijo. Sufre lo indecible por ver tan maltratado a Jesús, en cambio, en lugar de revelarse contra quienes le hacen tanto mal, acepta con paciencia sin dejar de confiar, acompaña a Jesús en el dolor. Ella lo acompañó hasta la cruz, no rehuyó. Y con todo el desgarro de su corazón, ¿crees que no se apiadaría de san Pedro, arrepentido ante su triple negación al Señor si se lo cruzó? Ella sabe lo débiles que somos, y su ternura nos alcanza. San Juan, amigo tan querido por Jesús, pasaría un trago muy amargo al ver a su mejor amigo así, seguro que la Virgen lo confortaba en tan duros momentos; el como ella le siguió hasta la cruz. ¿Ves? Ese estar viviendo dentro, estar en oración le daba a María sintonía para actuar con cada quien tal y como necesitaban de ella.

Pidámosle que nos ayude a seguir su ejemplo de “estar dentro en silencio”, meditar los sufrimientos de Jesús y de su corazón de madre, para entender todo lo que nos ha amado y nos ama Jesucristo, hasta darse del todo a ti y a mí, entonces podamos estar despiertos a las necesidades de las personas que nos rodean para socorrerlas.

 

Por si os puede servir, os comparto esta jaculatoria con la que acudo a María, es de un sacerdote español que hizo mucho bien.

“Madre, llévame a Jesús que mis pasos son muy cortos y muy torpes”