¡Esto va a ser legendario!

Antes de que terminara la Navidad, acompañando a mi tío en coche, metí en el reproductor uno de los discos que guardaba en la guantera, y empezó a sonar My way de Sinatra. Sinceramente, me esperaba un recital de música de ese estilo, y me cuadraba que fuera así por sus gustos musicales. Pero la siguiente que escuché fue Bohemian Rapsody, y la última que recuerdo escuchar… ¡Fue el himno del Atlético de Madrid! ¿Qué podían tener en común algo tan distinto entre sí?

Algo parecido podemos pensar al salir de nuestro último examen. Para muchos, se nos abren unos días en los que de cualquier modo tienen que salir el mayor número de planes posible. Y, ¡Claro que hay que aprovechar el fin de exámenes! Después de unas semanas de esfuerzo y de trabajo descomunal, es obligatorio oxigenarse de nuevo y disfrutar de todo lo que uno no ha podido durante la mayor parte de la Navidad. Si está en nuestro ADN aprovechar el tiempo, ¿Cómo no vamos a salir con nuestros amigos para celebrar que volvemos a ser libres? ¿Cómo no vamos a pegarnos la mejor noche de nuestras vidas para liberar toda esa presión contenida por Derecho Administrativo o Anatomía? Y entonces, podemos caer en el riesgo de dejar de ver en algunas cosas la importancia que normalmente solemos darle. Quizás para vivir ese fiestón de fin de exámenes no haga falta tener que ser tan fiel a nuestros principios, porque son algo completamente diferente a divertirse ¿No será mejor entonces dejar durante esos días nuestra fe un poco de lado? Solo serían unos días, lo suficiente para poder obtener la recompensa de haber estudiado tanto…

La verdad es que no pude evitar preguntarle a mi tío por qué había grabado en ese CD canciones tan diferentes, a lo que él me respondió: “la primera, era la canción preferida de tu abuelo, con la segunda conocí a tu tía, y la tercera me recuerda la primera vez que pisé el Vicente Calderón”. ¡Todo tiene sentido! Hasta salir de fiesta y ser cristiano, pues nuestra identidad no es otra que la de estar felices y divertirnos… ¡Porque conocemos el Camino, la Verdad y la Vida! Y también sabemos, que en nuestra calidad de hijos de Dios, estamos llamados a ser luz en el ambiente que nos ha tocado vivir, ¡Incluso yendo de fiesta!

Por eso, en lugar de plantearte el fin de exámenes como una semana sabática, ¿Por qué no la conviertes en el escenario para demostrar que merece la pena seguir a Jesús? No hay que hacer nada fuera de lo común, sólo ser coherente contigo mismo. Nos toca cambiar este mundo, y salir con los amigos es una de las mejores maneras… ¡Que no digan que un cristiano no sabe divertirse, siendo como es, y sin necesidad de beber más de la cuenta o ligar a cualquier precio! Ayuda a que los demás vean que lo verdaderamente legendario es tener la mayor ambición de todas: servir en cada circunstancia a los demás ¿Te atreves a intentarlo?