¿Cuándo quedamos?

Que existen mil maneras de quedar con la gente es tan cierto como que los primeros días de “uni” son los mejores de todo el año. Ahora que se acercan los reencuentros y los abrazos efusivos, es momento de ponerse al día y contarse las aventuras del verano. Y para eso sirven las cañas de después de clase o las cenas de los viernes, o incluso una de esas llamadas interminables. Pero, ¿A cuántos le hemos dicho de quedar para ponernos al día y luego ese plan no ha salido adelante? ¿Cuántas llamadas prometidas a nuestros amigos o familiares no han terminado viendo la luz? Esto suele pasar con mucha frecuencia, especialmente si se trata de gente joven.

A lo largo del día hay tiempo para hacer cualquier cosa que nos propongamos. 24 horas dan para mucho, si uno sabe organizarse y le pone ilusión y motivación a todos y cada uno de los planes que se propone. En nuestra naturaleza está el ser capaces de hacer lo que nos propongamos, de luchar hasta conseguir las metas que nos hayamos podido marcar, aunque el tiempo juegue en nuestra contra.

Con Jesús pasa exactamente igual. Si Él es “El Camino, la Verdad, y la Vida”, es decir, el único capaz de saciar nuestros corazones de alegría y brindar nuestra vida de felicidad plena, ¿Por qué lo dejamos igualmente tantas veces de lado? ¿Por qué cogemos tan pocas veces Su llamada? Dios se muere de ganas por acompañarnos… ¡En todo lo que hacemos! Jesús quiere compartir su vida con la nuestra. Y Él nunca se harta de aquellos: “Tenemos que quedar”, porque en nuestro “muy poco”, jamás va a parar de ver el brillo del que está perdidamente enamorado. La clave está en empezar a ponerse a hablar con Él, en pasar de nuestras ideas sobre Dios y acercarnos verdaderamente a Él. La oración es el pasar de ese «sólo de oídas sabía de ti» a ese «ahora te han visto mis ojos».

¿Y si te dijera que estamos en el mejor momento para empezar a quedar con mayor frecuencia con Él? Él se sirve de nuestro entusiasmo y hambre por cambiar el mundo para hacerse más amigo de todos nosotros. No hay que hablar con ninguna secretaria, ni va a hacer falta apuntarse a una lista de espera. Él te aguarda con los brazos abiertos. Al fin y al cabo, la historia de nuestra vida no es otra cosa que la aventura por conocerle, y de esta manera, conocernos.