Tienes que venir a San Fermín

El día 7 a las 00 horas del año pasado me vi envuelta de gente vestida de morado y pañuelo rojo y con un vaso de sangría o vino tinto en una plaza de los Fueros de Pamplona medio llena. Estrenaba los conciertos de San Fermín y lo hacía con Muruguza. Los allí presentes no sé si estaban para procesar la lengua vasca, pero quizá lo intentaron. La mayoría eran como personas sin rumbo, desorientadas, bebiendo y cantando.

No fue un momento agradable. Me tocó cubrir el concierto -sobrevivir al soez telonero- y solo fui capaz de contarle a los lectores del Diario de Navarra lo mal que estaba el personal. Y me dio pena. Mucha. Porque San Fermín es juerga, sí, pero también más de lo que nos enseña la televisión.

Tienes que venir a San Fermín para escuchar las dianas, canciones previas al encierro que, por tradición, despertaban a los pamploneses para ver la carrera, de la Pamplonesa [banda de música de la capital].

Tienes que venir a San Fermín porque el culpable de las fiestas es un santo que se dejó la vida por Cristo y está en nuestra mano volver a las raíces. Desde mañana puede recibir indulgencia visitando su capilla en la parroquia de San Lorenzo de Pamplona por el tercer centenario.

Tienes que venir a San Fermín a ver de llegar el encierro a la plaza de toros, antes de que lleguen los mozos, los joteros amenizan las gradas para dar los buenos días, o las buenas noches para otros. Disfrutar de los abucheos que escupe la grada a los que no se han atrevido a guiar a los astados y pasan los primeros antes de los mozos que sí lo han hecho.

La reina negra bailando por el Casco Viejo de Pamplona. Foto: JESÚS GARZARON.

Tienes que venir a San Fermín a escuchar de la mano de un mozo del encierro qué significa ponerse delante del toro. Te garantizo que desde el año pasado lo entiendo un poco mejor.

Tienes que venir a San Fermín a probar los churros de la Mañueta o colarte en el baile de la alpargata (verbena típica después del encierro en el Casino de Pamplona). Y después tomar el almuercico en Estafeta o San Nicolás. Ya ves que en San Fermín, más que beber, tienes que comer bien, porque la cocina navarra nunca defrauda.

Struendo txiki. Foto: JONAN BASTERRA.

Tienes que venir a San Fermín porque tienes que vivir la procesión del Santo en la calle Mayor, disfrutar de los danzantes de Orberena, de los joteros de Irabia, de la Pamplonesa y de la Comparsa de gigantes y cabezudos. Siempre es recomendable ir de la mano de un navarro experto. Para disfrutar de la fiesta.

 

Ay, la comparsa. Las miradas de los pamploneses más pequeños a los reyes son como una bengala de ilusión. Cuando los niños dejan el chupete se lo «ofrecen» a sus majestades, quienes los llevan colgando de las muñecas. Sus majestades, residentes en Pamplona, pero procedentes de todo el mundo (Africa, América, Europa y Asia), se pasean por la ciudad con sus majestuosos bailes. Cada uno con el suyo propio, aunque eso para un visitante nuevo es complejo de percibir.

Tienes que venir a San Fermín a conocer a Caravinaje & Co. Son los hermanos pequeños de la comparsa: los kilikis, cabezudos en Euskera, y zaldicos, caballos. Llevan una especie de óvalo de espuma colgado de un palo y son los que juegan con los más pequeños. Las mañanas de La fiesta en el Casco Viejo pueden ser un agobio, por la estrechez y la cantidad de gente, pero el precio a pagar no es nada cuando escuchas los txitus y las gatitas mientras la comparsa desfila.

Tienes que venir a San Fermín porque los medios de comunicación no muestran todo lo que es. Hay borrachera, desfases, huele a vino y a orín por toda la ciudad durante los nueve días, pero hay mucha tradición, alegría y motivos para unirse en familia.

Tienes que venir y romper tópicos de la mano de alguien de la tierra.

¡Viva San Fermín! Gora San Fermín!