«Y Dios llora. Jesús llora.»

Tal y como lo escuchas Jesús llora. Atentado tras atentado. ¡Todos somos hijos de Dios! Cada alma importa. Cada alma cuenta y sin ella el mundo sería distinto… ¿acaso el desierto no sería más pequeño si tuviera un grano menos de arena? Al mundo y a la Iglesia le pasa absolutamente lo mismo.

Pero no caigamos en la trampa… la Iglesia hoy no se ha hecho más pequeña porque hermanos nuestros hayan sido víctimas del atentado de esta mañana en Bruselas, Bélgica. Hoy en toda las iglesias, de todos los países, todos los cristianos pedimos por nuestros hermanos. Y esa oración hace que crezca la Iglesia. Porque la oración nos hace más fuertes.  

Es verdad que nos duele y pilla por sorpresa en fechas como estás – Semana Santa-, pero también nos puede ayudar todo ese sufrimiento para ver así que Jesús lo tomó y cargó hacia la cruz. Jesús sufrió todos los dolores posibles que podemos sentir tú y yo como personas humanas. Así que en momentos de aflicción -como podría ser este-, recordemos que Jesús padeció -mucho más- y nos acompaña en el dolor.

En esta Semana Santa caigamos en la cuenta del dolor de Cristo, de verse solo, de verse abandonado incluso por casi todos sus discípulos. Ya que Jesús nos enseña lo que es dolor mejor que nadie, tengamos nosotros su comprensión para aliviar el dolor a otros, sus ojos para mirar con ternura el sufrimiento, sus manos para ayudar dónde podamos y sembrar paz… pidamos especialmente en esta semana Santa – y a causa de este atentado- tener el Corazón de Jesús… el mundo está necesitado de personas que actúen como  Jesús. Algunos detalles que nos pueden ayudar:

  • Recemos por las almas de los fallecidos en el atentado.
  • Seamos como Jesús en el mundo.
  • Tengamos misericordia con los terroristas.