¿Abst… inercia?

La Iglesia nos propone tres pilares fundamentales para vivir la Cuaresma: Oración, Limosna y Ayuno. Normalmente se comprenden sin problema los dos primeros, pero con el Ayuno y la Abstinencia sucede todo lo contrario. ¿Por qué seguir cumpliendo esa tradición arcaica, obsoleta y anclada en el pasado? Efectivamente, de ser la tradición el único motivo para cumplir este precepto, sería completamente absurdo.

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Pero sin embargo, no es así, no ha de cumplirse por inercia, sino que hay que darle el sentido que verdaderamente tiene, ya que de lo contrario caeríamos en ese simple y vacío estricto cumplimiento de la Ley que tanto criticó Jesús. Cristo murió por nosotros y cualquier sacrificio que hagamos, va a ser incomparable con el que Él hizo para que fuéramos felices. Este gesto, el abstenerse de comer carne los viernes, es una oportunidad que nos ofrece la Iglesia para, con ese pequeño esfuerzo, recordar aquel gran Sacrificio que se hizo hace 2.000 años para salvarnos.

El hecho de privarte, en este caso de la carne, ha de suponerte un momento de reflexión sobre la Pasión, Muerte y Resurrección y ha de ayudarte a vivir la Cuaresma con ese sentido de penitencia que nos acerca a los duros momentos que vivió Jesús.

¿Qué hay sacrificios que te ayudan más? Seguro. ¿Qué te supondría más esfuerzo hacer otras cosas? Seguro también. Pero… ¿por qué no cumplir este y, a parte, todos los demás que queramos proponernos? Si la Iglesia, esposa de Cristo, lo contempla, es porque se trata de una mortificación que nos une a los cristianos, que es común a todos y porque esa unidad de acción nos fortalece como comunidad. Además, si lo sigues viendo absurdo, ¡cúmplelo!, así estarás sacrificándote al cumplir un precepto que no entiendes y dándole sentido por lo tanto.

Como ves, no dejamos de comer carne por la inercia de una práctica antigua, sino con el sentido de tener a Jesús más presente cuando se acerca su muerte, en una penitencia común que nos une como cristianos.