¡Luchemos por nuestros sueños, no estamos solos!

Estamos a las puertas de recibir una de las mejores temporadas del año, la Navidad, y el sentimiento cristiano va deslumbrar aun con más luz dentro de nuestros corazones; pero, para nosotros, para los estudiantes, también se aproxima la época de exámenes, y con ello, una época de esfuerzo y sacrificio. Y para esto es muy importante tener presente a Jesús, tener presente su apoyo, su fuerza, su confianza, su constancia…

Imagino que a todos vosotros, igual que a cualquier joven estudiante os han envuelto momentos de flaqueza, de agobio, de desencanto y de abandono durante el estudio, es por ello por lo que lanzamos este artículo, para que sepáis que no estáis solos, que el Señor os está ayudando. Hay un momento en el que es mejor parar, relajarse y buscar a Jesús, escucharlo, entenderlo y aceptar su ayuda.

A la hora de estudiar, es favorable tener presente las dos palabras que San Ignacio de Loyola nos ofreció y que el Papa Francisco, este mismo junio nos explicó: magnanimidad y servicio. Porque el elemento principal dentro del estudio y el aprendizaje es ser magnánimo, ser magnánimo significa tener un gran corazón y alimentar ese corazón de buenas obras en el día a día, es decir, tenemos que ser magnánimos para tener grandes ideales, buenas aspiraciones de futuro, para llenarnos de fuerza a la hora de conseguir nuestros sueños y alimentar estos sueños todos los días. Y para esto, para no decaer en el intento, debemos buscar toda la fuerza en Jesús que como padre está dispuesto a ayudarnos en todo momento, porque la fuerza interior que nos empuja a seguir luchando por un sueño se multiplica cuando cuenta con el respaldo seguro de nuestro Señor.

Por otro lado, nos hablaba el Papa del concepto de servicio, el servicio a nosotros mismos y el servicio a los demás. Debemos prestarnos a esto que hoy tenemos en nuestras manos, el servicio siempre está conectado con otras dos palabras: esfuerzo y recompensa, pues todo servicio requiere un esfuerzo, esfuerzo que durante el camino desaparece porque se va transformando en recompensa o ¿cuándo luchamos por un sueño no disfrutamos del camino? Las pequeñas batallas ganadas en el día a día hacen que nos olvidemos de cualquier esfuerzo y que estemos más cerca de nuestro deseo. Así que, manos a la obra, pues Jesús está ansioso por ayudarnos en esta y en cualquier etapa de nuestra vida.

Por tanto, seamos jóvenes estudiosos, seamos jóvenes católicos, seamos jóvenes con ganas de aprender y de luchar. El mundo necesita jóvenes cargados de sueños, jóvenes que no se derrumban, jóvenes que saben que no hay tristeza que no hay caiga rendida a los pies de una sonrisa.