El modelo es Frodo

El modelo de lo que es la vida de oración, y más extensamente, de la vida cristiana, no es otro que el señor Frodo Bolsón, Hobbit de la Comarca. Tal cual. Me explicaré.

Se supone que Frodo es, a fin de cuentas, el gran protagonista de El Señor de los Anillos. El portador del Anillo Único, aquel sobre quien ha recaído la gran responsabilidad de destruirlo, y asegurar la libertad de la Tierra Media. Un papel tan importante debería corresponder a un gran héroe, a un guerrero sabio y valiente. A alguien capaz de derrotar a un Balrog, como Gandalf. De matar orcos sin despeinarse, como Legolas. A un líder carismático como Aragorn. En cambio, Frodo no es nada de eso. Es más. ¿Hace algo por sí solo en la historia? ¿Algún atisbo de heroísmo? ¿Algún alarde de inteligencia o de valor? En absoluto. Depende constantemente de lo que los demás le salven.

Repasemos brevemente las peripecias de Frodo. Es Aragorn el que le salva de los Jinetes Negros en la Cima de los Vientos, cuando es herido por ellos. Es Gollum el que le guía hasta Mordor, cuando es incapaz de encontrar el camino. Es Sam el que derrota a Ella-Laraña, cuando cae en su trampa. De nuevo, es Sam el que carga con él por el monte del Destino cuando no puede seguir andando. De hecho, en el momento final, cuando lo único que tiene que hacer es arrojar el anillo al fuego, es incapaz de hacerlo. Este acaba cayendo tras la pelea con Gollum, no lo olvidemos.

Por tanto, ¿qué hace Frodo de meritorio? ¿Y cómo podría ser modelo para nada?

La respuesta es simple: decir que sí. Decir yo llevaré el anillo a Mordor. Yo seré el portador. Aceptar un destino y una misión que requerirá su vida. Todo lo demás, lo hacen otros por él.

Pues es ahí dónde está el símil con la vida cristiana. Lo único que puede hacer el hombre es decir que sí. Yo emprenderé el camino de oración. Yo voy a ser amigo de Jesús. Todo lo demás, lo hará Dios por ti. Eso es la gracia, la fuerza que Dios nos da para que lo amemos. Porque si fuera por nuestras propias fuerzas, habríamos muerto en la Cima de los Vientos, nada más empezar el viaje.

Frodo es el modelo por decir yo llevaré el anillo a Mordor. A otro nivel, María es el modelo por decir “hágase en mí”. Aprendamos de los dos –sobre todo de María, evidentemente- y confiemos en que si nosotros ponemos nuestro uno por ciento, Dios pondrá el resto.