¿Cómo repercute el Adviento en nuestra vida?

Parece contradictorio que en esta sociedad de la rapidez alguien nos diga espera, cálmate, respira, ten paciencia, lo bueno está por venir.

La paciencia, la expectación, la contemplación no están de moda, es algo obvio; a todos nos gusta tener las cosas a punto lo más rápido posible, no nos gusta esperar, y mucho menos el misterio. Vivimos en un mundo en el que todo tiene que ser aquí y ahora, y de pronto es Dios mismo es quien, un año más, nos recuerda que va a venir, y no va a venir de cualquier manera, va a venir en lo pobre, lo frío, lo que nadie quiere, naciendo en un pesebre en una noche heladora y oscura.

Podemos caer en el error de pensar que vivir el Adviento no merece la pena, que todos los años es lo mismo, que va a venir el mismo Niño que lleva viniendo durante 2012 años y no tiene nada nuevo que traernos, que total, ya nos sabemos la historia. Pero no podemos olvidar lo que Dios mismo dijo, “yo hago nuevas todas las cosas” (Is 43: 19), y especialmente en tiempos fuertes, como sucede con el Adviento. No podemos dejar pasar la oportunidad de limpiar nuestro corazón y de hacer un profundo examen de conciencia de nuestra vida para proponernos terminar con esos pequeños fallos que día a día nos van oscureciendo el alma y así poder recibir en él al Niño Dios, de la manera más humilde que podamos, con lo poco que tenemos: nuestras debilidades, nuestras faltas, nuestros miedos; sería un gran regalo de Adviento para ese Niño, que en varias semanas llegará, encontrar un hogar donde nacer; un corazón que busque asemejarse al de su madre, la Virgen María, a quien Dios eligió para hacerse hombre y quien lo llevó en su seno durante 9 meses. ¡Con cuánta expectación viviría María su embarazo, qué ganas tendría de abrazar al niño que llevaba en sus entrañas!

Sabemos que Él mismo nos está esperando con los brazos abiertos deseando que le entreguemos todas nuestras faltas, y este es un tiempo idóneo para acercarnos al sacramento de la Confesión, y así poder ir limpiando y haciendo apacible el hogar del niño que va a nacer.