Testimonios

Una buena acción

A veces los héroes sin capa caminan por la calle.

La pasada semana, en la zona de Francos Rodríguez, se dirigía uno de ellos hacia el metro cuando le sorprendió que una persona se estaba ahogando y había revuelo a su alrededor de gente que, al contemplarlo, llamaron a emergencias para pedir ayuda.

Por suerte, y porque a veces la vida pone en el lugar y en el momento adecuado a la persona que en este caso fue un ángel de la guarda de aquel señor, Luis paseaba por allí y con sus conocimientos sanitarios de los que se formó con el fin de poder ayudar a los demás, no dudó en ponerse manos a la obra para conseguir devolver el aire a esa persona que cada vez le costaba más respirar, que cambió su color y su tono de piel por uno azulado.

Fue entonces cuando se dispuso Luis, policía de profesión y buena persona de corazón, a entregarse por quien en ese momento necesitaba ayuda. Y gracias. Gracias a él que pudo hacer con eficacia y resultado exitoso la conocida maniobra de Heimlich.

Fue entonces cuando le devolvió el aire a quien lo necesitaba, y lo que salvó a una persona que estoy segura siempre estará plenamente agradecido.

No pretendo pensar en qué habría pasado si el héroe del que hablamos no hubiera pasado por allí en ese instante, pero sí puedo apreciar que, gracias a que él estaba allí y a su disposición plena y de absoluta entrega: pudo hacer el bien.

El bien por los demás, como decía mi abuelo, es la mejor forma de sentirte satisfecho y de encontrar un motivo que sume y nunca reste.

Efectivamente, cuando empleas tus fuerzas, tus ánimos, tus conocimientos, tu profesión, tu corazón… por quien sea, como sea, pero con el fin de hacer una buena obra, solo puede tener como resultado una satisfacción plena para quien lo da y para quien lo recibe.

Es un orgullo poder saber que existe gente dispuesta a servir por y para los demás. Y precisamente, escribiendo y reflexionando, yo, que soy creyente, no he dudado en percatarme de que precisamente Dios echó una mano para que todo aconteciera así. Es bonito pensar para quienes tenemos fe que Él siempre nos aporta señales y nos pone “en nuestro camino” lo que quizás no esperamos. Es entonces cuando, muchas veces, nos damos cuenta de lo afortunados que podemos ser por quien se cruza en el camino de nuestras vidas, aún de forma anónima.

“Nunca os olvidéis de hacer el bien por nadie, sea como sea. Nunca os olvidéis de hacer el bien por quien pueda estar sufriendo, sea de la forma que sea”.

Dedico estas líneas a Luis, quien aquel día mostró una vez más con valentía y vocación, con alma y corazón el reflejo de una persona transparente y humana.

Natalia M.M.

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