De la Ceniza a la Gloria: El Despertar del Joven Cofrade

Testimonios

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El reloj ha comenzado su cuenta atrás. Con la huella de la ceniza aún fresca en la frente, la espera se acorta y el corazón se acelera. Se acerca la Semana Mayor, pero con ella llega la pregunta inevitable que todo joven cofrade debe hacerse: ¿Cómo me prepararé para vivir, de verdad, una Cuaresma más?

A veces, los jóvenes corremos el riesgo de caer en la inercia. Corremos el peligro de que lo extraordinario se vuelva rutina y que la Semana Santa sea solo «una fecha más» en el calendario. Es ahí donde tú, joven cofrade, debes detenerte, decir «basta» y resetear el alma. No se trata solo de ver pasar los días, sino de preparar todo tu ser para lo que está por venir.

La preparación del cuerpo: El latir de la Hermandad

Desde el Miércoles de Ceniza, las Casas de Hermandad se convierten en nuestro segundo hogar. Los preparativos cobran fuerza y el aire huele ya a metal pulido y a incienso guardado. Es la juventud la que toma el relevo: manos jóvenes que limpian plata, aprietan tornillos y preparan túnicas. En las calles, los ensayos se convierten en oración en movimiento. Pasos que aún no llevan imágenes, pero que bajo sus trabajaderas albergan el empuje de una juventud bendita que invade la Iglesia y da vida a nuestras cofradías. En cada chicotá, en cada limpieza de enseres, se está haciendo posible —2.000 años después— el milagro de que una semana entera el mundo se detenga por Jesús y María.

La preparación del alma: El encuentro en el silencio

Pero la madera y el metal no lo son todo. ¿Cómo preparamos el interior? La respuesta está en el compromiso. Jaén se llena de oportunidades para el encuentro:

El Retiro como Desierto: Es el momento de retirarse del bullicio de la Casa de Hermandad para entrar en el desierto personal. Allí, en la oración callada, es donde entendemos que la Pasión no es un teatro, sino un sacrificio vivo que se renueva hoy por cada uno de nosotros.

La Eucaristía y los Cultos: No son meros actos sociales o de protocolo. Cada Quinario, cada Septenario y cada función principal son el alimento necesario. Es en la mesa del altar donde el joven cofrade encuentra la fuerza para ser testimonio de fe durante todo el año, no solo bajo el caperuz.

El Viacrucis: Caminar con Él: Al acompañar al Señor en sus traslados y Viacrucis por las naves del templo o por las calles de nuestro Jaén, no solo caminamos físicamente. Cada estación es una oportunidad para revisar nuestras propias cruces, nuestras caídas y nuestra capacidad de ayudar al prójimo, como lo hizo el Cirineo.

El Sacramento de la Reconciliación: Es el «lavado de plata» de nuestra alma. Prepararse para la Gloria de la Resurrección exige reconocer nuestras sombras para que la luz de la Pascua brille con más fuerza en nosotros.

Prepararse es entender que cada vara que se brilla y cada oración en un septenario son hilos que tejen nuestra fe. Joven, esta Cuaresma no es una más; es tu oportunidad de convertir la espera en una entrega absoluta. Desearos una feliz y seca Semana Santa

Antonio Mesa García