En Algeciras se me ha muerto como del rayo, Juanjo de Paiz, con quien tanto quería.
Conocí a Juanjo en Madrid, hace muchos años, cuando él era profesor en @losolmosfomento . Me invitó a presentar una de mis novelas a sus alumnos. A partir de entonces comenzamos a vernos con cierta frecuencia.
Siempre me lo encontré sirviendo a los demás, con su porte alegre, con su liderazgo cargado de optimismo, con su profesionalidad al servicio de sus alumnos, de los padres, de sus compañeros de claustro.
Se trasladó de lugar a lugar, allí donde le necesitaban, asumiendo grandes responsabilidades que no modificaban su manera de sonreír con la boca y con la mirada. Era un hombre de Dios, virtuoso, entregado, apóstol, ejemplar sin pretenderlo, enamorado de la enseñanza y con una profunda vida espiritual que se transparentaba en su trato.
Pertenecía al #opusdei , al igual que yo, y pisaba con la confianza de los buenos hijos las huellas de Cristo Quisiera parecerme a él, aprender a sonreír también con la mirada, vivir olvidado de mí, volcado en los demás. ¡Cómo te voy a echar de menos!







