“…Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido…”
(Jeremías 20, 7)
Me llamo Miguel José Cano López y nací hace 55 años en el seno de una familia cristiana, y desde pequeño, mis padres y abuelos, me enseñaron la fe en el Señor y la devoción a la Santísima Virgen, en su Advocación de la Capilla, por ser de Jaén y además, de la Parroquia y el barrio de San Ildefonso.
No sólo me inculcaron la fe, de palabra y con sus vidas, sino que además previeron para mi, que estudiara en un Colegio Religioso, Altocastillo, completando de esta manera mi educación en valores humanos y cristianos y desde luego una buena formación intelectual.
Al salir de Altocastillo, las cosas cambiaron mucho, pero no fueron ni mejor ni peor, sólo distintas: comenzó en Instituto Virgen del Carmen, la adolescencia, la etapa de juventud, y la Universidad, en el entonces, Colegio Universitario de Jaén, donde cursé algún curso de Psicología.
Como veréis todo genial, no podía estar mejor la vida de un joven con 20 años que lo tenía todo, lo alcanzaba todo, y proyectaba ya entre luces, mi futuro, mi vida, mi profesión, mi vida relacional y sentimental.
Pero aún así, con todo, había algo en mí, que “deseaba” más. Un “más” al que yo no le ponía nombre, y que al barajar posibilidades me asustaba mucho, como quien se asoma a un precipicio, o desde una montaña alta divisa el horizonte inmenso.
No le ponía nombre, y tampoco le quería poner nombre…la verdad es que cada vez que me paraba a rezar, sólo venía a mi corazón la palabra: “entrega”, “todo”, “mío”, “sígueme”…Todo eran conceptos, palabras, que martilleaban mi corazón pero que no me atormentaban ni me angustiaban, sino que al contrario ponían en mí, un deseo más grande, de Dios y de los demás, desde la paz, pero eso sí, con exigencia. Desde luego, NO podía permanecer como hasta ahora.
Entonces comprendí que Dios quería algo de mí, que todavía no sabía lo que era, y que no sabía siquiera si yo quería dárselo, o sólo seguir participando el domingo de la Eucaristía, echando una mano en la Parroquia o yendo a algún medio de formación de vez en cuando, y seguir siendo “un cristiano normal y corriente”.
Y como siempre Dios “primerea”, ACOMPAÑA, y va haciendo camino como en Emaús, porque en aquel momento como el profeta Jonás, yo sólo quería huir a ver si se me pasaba “ese deseo espiritual” o por el contrario, el Señor aclaraba mi situación, su llamado y lo que ÉL quería de mí.
El Señor puso junto a mi, sacerdotes (el Señor siempre pone a tu lado lo que necesitas) que me ofrecieron la oportunidad de seguir cursando estudios universitarios en la Universidad de Navarra, y desde la Filosofía eclesiástica y en un Colegio Mayor, ir discerniendo mi vocación y tomando opciones serias.

Y no fue precisamente desde las charlas, meditaciones o acompañamiento espiritual, desde donde di un paso firme hacia adelante (aunque todo eso si ayudó claro); sino desde la debilidad de los niños de oncología del a Clínica Universitaria de Navarra.
Uno de los Capellanes nos cogió un día a un grupo de Universitarios y nos propuso acompañar a los niños de oncología los domingos, y hacerles su estancia allí un poco más fácil. No os puedo contar lo vivido, pero sí os diré que ellos fueron el explosivo que hizo estallar todo en mi vida. Comprendí que había una llamada clara, una sed de Dios por mí, un amor incomprensible y una felicidad preparada detrás del “sí”, como María a tenerlo a Él y a los demás, sin cálculos ni condiciones. A través de los más pobres, pequeños y sencillos, de los niños, Dios puso en mi claridad y firmeza: ¡MI vida era amada y necesitada para otros! !Mi vida era de Otro, para los otros!
Acabé el bienio en Filosofía eclesiástica y volví al Seminario Diocesano de Jaén, a disposición del obispo. Después de 5 años de Seminario no exento de dificultades, y con mucho discernimiento, la Iglesia me llamó al Sacerdocio el 30 de junio de 1996, hace ya casi treinta años. Desde entonces he servido al Señor en las Academias de la Guardia Civil de Baeza y Úbeda, en Torres, en Jódar, en Arjona, y ahora en Martos, Fuensanta y Las Casillas con sus pueblos de la Encomienda del Víboras.
Sólo puedo decir, que no borraría de mi historia ninguno de los episodios vividos de discernimiento, conocimiento, aprendizaje…porque todo eso ha hecho de mi, lo que soy hoy en día. Pero sí os diré que si mil veces naciera, mil veces volvería a decir “sí” a Dios en el sacerdocio, porque Él me ha llamado a obrar en el mundo sus mismas obras: a curar, a sanar, a liberar, a perdonar…!Soy inmensamente feliz como cura! Me siento bendecido, afortunado y lleno de su amor y de su misericordia.
A vosotros “jóvenes católicos” que leéis este pobre testimonio de fe y de vida, sólo os puedo decir: ¡Animo si sientes una llamada!!NO tengas miedo y si lo tienes busca acompañamiento! Dios viene a colmar tu vida de felicidad, de gozo de plenitud. Con nadie y con nada serás en este mundo más feliz que con ÉL. Deja que el Señor sea…el Señor de tu vida.
Miguel José Cano López.
Sacerdote de Jaén







