El 28 de enero celebramos a un gigante: Santo Tomás de Aquino. A veces, al ver sus cuadros rodeado de libros, pensamos que su vida fue aburrida o puramente intelectual. Nada más lejos de la realidad. La historia de Tomás es la de un joven que tuvo que luchar por su vocación, que no tuvo miedo a pensar y que descubrió que, al final, lo único que importa es el Amor.
Si crees que hoy es difícil ir contracorriente, espera a ver lo que vivió él.
El joven que no se dejó domesticar
A los 19 años, Tomás tomó una decisión que escandalizó a su poderosa familia: quería ser Dominico. En aquel entonces, eso significaba ser un fraile mendicante, pobre y «del montón». Su familia, que quería para él un cargo de prestigio y riqueza, no lo aceptó.
Sus hermanos llegaron a secuestrarlo y lo encerraron en el castillo familiar durante un año para que cambiara de opinión. Incluso le tentaron para que rompiera su promesa de castidad, pero su determinación era de hierro. Sus compañeros de estudio le llamaban el «buey mudo» por ser robusto y silencioso, pero su maestro, San Alberto Magno, profetizó: «Los mugidos de este buey se oirán en todo el mundo».
Aquí tienes las 4 lecciones que este «buey» nos deja a los jóvenes de este 2026:
1. Un buscador de la verdad (sin miedo al diálogo)
Tomás no vivía en una burbuja. Fue un buscador incansable que no se conformaba con respuestas a medias. Su gran genialidad fue no tener miedo a leer a quienes pensaban distinto (como el pagano Aristóteles o pensadores árabes y judíos) para encontrar puntos de unión con el Evangelio.
¿La lección? Toda verdad, venga de donde venga, tiene su origen en Dios. Tomás nos invita a no tener miedo al diálogo con el mundo, a buscar lo bueno en cada persona y en cada corriente de pensamiento, convencido de que la fe no teme a la verdad.
2. Entender la fe: El cerebro también sirve para rezar
Tomás nos enseñó que la fe y la razón no son enemigas, sino las dos alas con las que el alma se eleva. Él no quería una fe ciega; quería una fe que busca comprender. Su famosa frase «La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona» nos recuerda que Dios nos dio la inteligencia para usarla.
Si tienes dudas o preguntas difíciles sobre Dios, ¡no te asustes! Tomás es el patrón de los que preguntan. Él nos demuestra que pensar nos hace mejores cristianos y que la inteligencia es un regalo para conocer mejor a quien más amamos.
3. El poeta de la Eucaristía
Detrás del gran teólogo había un corazón que ardía por Jesús Sacramentado. Se cuenta que, cuando no entendía algo, apoyaba su cabeza contra el Sagrario para pedir luz. El Papa le pidió componer los himnos para la fiesta del Corpus Christi, y de su pluma salieron las palabras más bellas que aún hoy cantamos:
«Te adoro con devoción, Dios escondido… Al juzgar de ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza. Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad». (Adoro Te Devote)
Para él, el estudio sin oración era solo acumular datos. El estudio con oración, en cambio, se convierte en un encuentro vivo.
4. «Todo es paja»: La primacía del Amor
Al final de su vida, tras escribir miles de páginas que hoy son la doctrina de la Iglesia (como la Suma Teológica), Tomás tuvo una visión mística de Dios. Fue algo tan inmenso que dejó de escribir. Cuando le preguntaron por qué, respondió: «Todo lo que he escrito me parece paja comparado con lo que he visto».
Incluso el hombre más sabio del mundo reconoció que Dios no es un concepto que se aprende, sino una Persona que se ama. Se dio cuenta de que no hay nada más importante que el amor de Dios. Al final, no nos examinarán de cuánto sabemos, sino de cuánto hemos amado.
Tus retos para este 28 de enero
Para que este día no pase de largo, te proponemos tres gestos al estilo de Santo Tomás:
1. Busca una respuesta: No te quedes con una fe «de superficie». Busca un libro o un video que te ayude a entender mejor ese tema de la Iglesia que siempre te ha costado comprender.
2. Canta al «Dios escondido»: Pásate 10 minutos por una capilla y reza con calma el Adoro Te Devote. Deja que las palabras de Tomás sean las tuyas.
3. Pon el amor primero: Haz algo bueno por alguien hoy sin que se note. Recuerda que, sin amor, todo lo demás (estudios, planes, éxitos) es «paja».
P. Juan Lisandro Scarabino, Fasta.
jlscarabino@gmail.com







