Me llamo Milagros Palau y me dicen Mili o Milau. Tengo 22 años y soy de la Diócesis de San Isidro, Buenos. Aires.. Estudié 2 años de Teología pero dejé la carrera para dedicarme al maquillaje y el peinado. Estoy de novia con Tin hace casi 6 años y, después de la santidad, mí mayor sueño es formar una familia católica. Soy de la Capilla Marín, donde tengo una comunidad muy especial y además participo del movimiento de Schoenstatt como miembro de la Juventud Femenina.
Crecí en una familia de mucha fe. A los 14 años tuve mí experiencia fundante. Fue un Sábado Santo misionando con mis hermanos. Rezando en una casa sentí una fuerte presencia de Dios. En una invocación al Espíritu Santo experimenté un abrazo del Padre que me trajo una profunda paz y sanación. Ahí pude ver el paso de Cristo en mí vida, lo que me llevo a vivir una Pascua de Resurrección con Él. Junto con esto llegó un fuerte llamado a compartir sin miedo el nombre de Dios.
Tanto mí pasión por la belleza y la moda, como mi formación en Schoenstatt empezaron desde muy chica. A pesar de tener mis contradicciones, la castidad, la pureza y la feminidad siempre fueron temas que me atrajeron para pensar y vivir en profundidad. Me costaba entender el estereotipo católico que cree que Dios no puede hacerse presente en las cosas del mundo.
En 2023 fui a un campamento de la Juventud Femenina con más de 80 mujeres de todo el país. Estaba en un momento de dificultades en mí vínculo conmigo misma. Siendo auténtica con la ropa que tenía, salía del cuarto y me llegaban muchas miradas, algunas de halago, otras de gran juicio. En mí interior sufría una lucha espiritual que creo que toda mujer puede experimentar. Voces que me ponían por sobre los demás y a la vez sentir por ello una culpa que disminuía mí valor como persona. Veía como el demonio metía la cola y no lograba encontrar la paz. A pesar de ser ropa que no faltaba el pudor me plantee la siguiente pregunta: ¿Es necesario que abandone mí pasión por la moda para vivir mí camino a la santidad?
Por gracia de Dios la respuesta fue no. No me quita ni me da más valor. Con ayuda de otros entendí que la humildad no es lo mismo que la falsa modestia. Aunque hay un camino recorrido es desafío diario seguir encausando esos deseos y talentos. Hoy puedo decir que tanto para mí como para otras mujeres, sí son compatibles la pureza y la moda, sí es compatible la pobreza de corazón y el saberse linda. Transmitir la belleza que Dios nos regaló, usándola como instrumento y no como fin. En Juan 17 Jesús dice al Padre: «No ruego que los quites del mundo sino que los apartes del mal».
Encuentro la mayor expresión de todo esto maquillando y peinando a una novia. Ahí soy testigo de un momento donde ambos mundos se integran de manera fascinante. Pocas cosas son tan lindas como cuando una mujer se prepara de corazón y de manera física. Es un regalo resaltar su belleza natural y acompañarla para lo que es signo de la unión de Cristo con su Iglesia – el matrimonio. En estos momentos previos la oración por ellas es clave. Por mi parte, recordar que soy instrumento del Espíritu Santo y la Virgen María.
Es para mi una misión y desafío poder reflejar la Belleza con mayúscula a través de la belleza física y la pureza de corazón.
Mili Palau







