Testimonio de un fan del Papa Clemente I

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Mi nombre es José María Riveros, nací y me crie en un pueblo llamado Puerto Deseado que se encuentra en Santa Cruz, Argentina. A los 18 años me mudé a estudiar a San Juan, Argentina. Si bien tenía familia allí, estaba buscando un grupo de amigos. Fue al tiempo, en que Dios escuchó ese deseo, que conocí al movimiento FASTA -Fraternidad de Asociaciones Santo Tomás de Aquino- dónde pude volver a vivir plenamente mi fe cristiana.

FASTA es un grupo católico que se encuentra por varios rincones de la Argentina y del mundo, donde buscamos llevar el mensaje de Dios a través de la cultura, la familia y la juventud; tiene un espíritu dominico, ya que su fundador -Fray Aníbal Fosberry- era fraile de esta orden.

Gracias a FASTA hoy pude conocer tantos lugares como gente maravillosa que me ayuda en el camino de ser una mejor persona. Actualmente trabajo en uno de sus colegios.

Con los jóvenes universitarios del movimiento, durante el año 2025 se nos propuso trabajar la evangelización de la cultura y la búsqueda de la verdad. Al enterarnos comenzamos a soñar que podríamos hacer para trabajar esto con todas las personas de la ciudad donde residimos.

A partir de este sueño, de esta idea, de esta búsqueda nos enteramos que en nuestra catedral, había una reliquia escondida del cuarto Papa de la Iglesia, Clemente Romano, perdida entre objetos «litúrgicos» y sin nada que lo señalara.

Esto nos impactó y motivó a conocer sobre Clemente de Roma, y de a poco comenzamos a investigar. Nos enteramos que parece ser que conoció a los apóstoles, fue el tercer sucesor de San Pedro y uno de los denominados “Padres de la Iglesia Católica». Por su fe cristiana fue condenado a trabajos forzados, picando piedra con otros dos mil cristianos.

Las actas antiguas atestiguan que los obreros de la mina de mármol sufrían mucho por la sed, porque la fuente de agua más cercana estaba a diez kilómetros de distancia. El santo oró con fe, y brotó del suelo árido una fuente de agua cristalina. Un día las autoridades le exigieron que adorara a Júpiter. Él expresó que no lo haría por no ir en contra de su fé. Entonces murió mártir siendo arrojado al mar con un ancla atada al cuello, para que los cristianos no pudieran venerar su reliquia, pero una gran ola devolvió su cuerpo a la orilla.

1800 años después, en nuestra ciudad, que es desértica, sísmica, minera y de mucha sequía, se acudió a la intercesión de Clemente, el cual, acudió a la protección del pueblo que clamaba con el regalo de lluvias y la protección especial hacia los mineros. Por esto, años después, Roma otorgó una reliquia de primer grado a nuestra Catedral, pero el tiempo quedó entre polvo y olvido.

Gracias a que su figura nos cautivó vimos que tenía un mensaje actual para todos los ciudadanos de nuestra provincia. Por esto organizamos una semana clementina con charlas, exposiciones, visitas guiadas a la cripta de la Catedral de San Juan, misa por la festividad de Clemente y adoraciones pidiendo su protección. Generando un movimiento tan grande que la noticia llegó a los diarios, radios y canales más vistos, que se pusieron a disposición de transmitir esa verdad que se hallaba en el fondo de esta reliquia que también habla de nuestras raíces, de nuestra cultura, de la fe de nuestro pueblo. Finalmente regalamos a la catedral un ícono del santo y una placa, para que cada persona que entre a la Cripta recuerde la importancia de dicho santo.

Esta experiencia también fue muy enriquecedora para mí. Personalmente me sorprende como un Papa que existió hace tanto tiempo, gracias a la comunión de los santos, se haga presente en mi vida concreta y me enseñe que “la esperanza no se hunde”.

Seguí todas las actividades en Instagram: @_clementis

José María Riveros
Un devoto de Clemente