Una pequeña reflexión necesaria sobre algo que se ha normalizado demasiado: llegar tarde a Misa. Y no es un detalle menor.
1️⃣ Llegar tarde a Misa no es una cuestión de manías del cura ni de formalismos antiguos. Tiene que ver con qué es la Eucaristía y a Quién vamos a encontrarnos.
2️⃣ La Santa Misa es una acción sagrada completa, no un conjunto de partes opcionales. Empieza con los ritos iniciales y termina con el envío. Todo importa.
3️⃣ Los ritos iniciales no son un “precalentamiento”. Disponen el corazón, nos reúnen como Iglesia y nos introducen en el Misterio que vamos a celebrar.
4️⃣ La Iglesia siempre ha enseñado que participar en la Misa implica estar presente desde el inicio, salvo causa grave. Llegar tarde sin motivo no es indiferente.
5️⃣ El problema de fondo no es el reloj. Es que hemos perdido el sentido del Misterio. A una cita importante se llega con tiempo. Y esta lo es. La más importante.
6️⃣ No vamos a oír algo. Vamos a responder a una Presencia. Cristo no es un acto social al que uno se incorpora cuando puede.
7️⃣ Cuando llegar tarde se convierte en costumbre, algo se enfría por dentro. La fe también se educa con gestos concretos. Y el tiempo es uno de ellos.
8️⃣ Llegar a tiempo también es oración. También es respeto. También es amor. Y ayuda a que toda la comunidad celebre mejor.
9️⃣ Dios es eterno, sí. Pero la Misa empieza a la hora que empieza. Y el Señor siempre llega el primero.







