«Recobra la vista, tu fe te ha curado»

Catequesis

Sin Autor

Buenas noches Jesús,

El Evangelio de hoy ha sido como un dardo en mi corazón. En los últimos meses, varios de mis familiares han enfermado, y como es normal, eso ha hecho que rece mucho por ellos y te de gracias de la salud que a mí me concedes.

Sin embargo, haciendo oración, me he dado cuenta de que no solo existen las enfermedades físicas, que no hace falta tener una cardiopatía para tener un corazón roto, que no es necesario tener un cáncer para que te duela el alma.

En el Evangelio de hoy, le concedes a un ciego recobrar la vista y le dices: «Recobra la vista, tu fe te ha curado.»

La verdad, es que envidio la fe con la que este hombre te llamó, sin verte ni saber si en verdad eras Tú, gritó tu nombre, y confió en que tu Divina Misericordia se apiadaría de él.

¡Cuántas veces nos complicamos la vida buscando soluciones basadas en la fuerza de voluntad a batallas que solo Contigo podemos librar!

Además, en este caso recupera un sentido que a mí me toca de cerca, pues no es que tenga problemas de vista, pero sí de mirada.

Señor, que sea yo también capaz de matar esa ceguera, de acabar con las cataratas que no me permiten mirar al corazón de la otra persona, que no me permite salir de mí.

Que tenga la fe de ese hombre y me reconozca pecador, porque sólo Tú puedes transformar mi mirada, solo pidiéndotelo a ti, puedo tener una mirada limpia.

Ayúdame, a ver las enfermedades de mi corazón, que no me permiten amarte a Ti y amar a los demás en libertad. Ayúdame también a ver todo aquello que me impide ser feliz y sentirme hijo tuyo e infinitamente amado.

Dame la fuerza necesaria para ponerme de rodillas ante ti y decirte como aquel hombre:

«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»

Porque Tú que eres mi Padre y me quiere con infinita locura, te derrites por verme pidiéndote que se cumplan tus planes en mí.

Porque además, tengo claro que pedírtelo a ti, es apostar a caballo ganador, porque solo Tú puedes colmar ese anhelo infinito de amor que tiene mi corazón.

Jaime Martínez Velasco