Ir a Misa

Catequesis

Elena Abadía

Ahí me encuentro con Cristo vivo, con todo su Amor y su Misericordia, que se interesa por mí, que me pregunta: ¿Qué tal estás? Como dice Santa Teresita: «Nuestro Señor se ocupa de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella». Y eso hace. Todos los días me devuelve la paz, la alegría y la serenidad. Y me da fuerzas para seguir adelante.

Y, lógicamente, le adoro por ser Él mi Dios y mi Salvador, le doy las gracias por tanto bueno en mi vida, le pido perdón por todas las veces que le he ofendido ¡Y le pido! Le pido mucho: por todas las personas que me rodean, por mi familia, mi marido y mis hijos, por mis amigos, por necesidades concretas, por virtudes y gracias que me faltan, por la paz del mundo…

¿Por qué pregunto si habéis ido a Misa si sé que en la mayoría de los casos me diréis que no? Pues porque no acabo de entender que algunos católicos no vayan a Misa. Nuestra señal es la Santa Cruz. ¿Y dónde, si no es en la Santa Misa, podemos vivir eso plenamente? Es el sitio donde se encuentra la PAZ ¡Es todo tan armónico y sereno! Y me encantaría poder haceros llegar esa necesidad al fondo de vuestro corazón.

El mundo está necesitado de Paz y de Alegría. Y la auténtica solo se encuentra en Cristo. Y la única manera de llegar a Él es en el Pan y en la Palabra; en su Sacrificio y en sus palabras en el Evangelio. ¿Queréis conocer a Cristo? Leed el Evangelio. Él está ahí hoy, diciéndonos a ti y a mí lo que necesitamos saber para conocerle, conocernos y ser felices.

En la Misa, en mi Misa, en la que yo vivo directamente y en la que yo participo, es donde se encuentra la paz de nuestra alma si nos dejamos empapar de la gracia de Dios. La paz del alma de cada uno y la paz del mundo. Ahí, en el encuentro directo del hombre con su Creador y Salvador.

Comulgando, recibimos al mismo Dios que se ha quedado bajo las especies del pan y del vino para que le recibamos a diario y more en nuestras almas. Y ahí está si nosotros no nos apartamos de Él.

Lo que más me emociona ¡es que se queda! Dios está en mi alma todo el tiempo que yo quiera que se quede.

¿Y quién no desea esto? ¿Conocéis a alguien que no quiera ser feliz o que no quiera la paz y la alegría en su vida?

Creo que ha llegado la hora de quitarse complejos de encima, de dejar de pensar si este cura es o deja de ser y de centrarnos en lo que de verdad importa. ¡Jesús está vivo! Y nos invita a ti y a mí, a mesa puesta, al banquete que tiene preparado para nosotros.

Elena Abadía