Catequesis

Aquella palabra mágica

Cada Viernes Santo revivimos los duros momentos de la Cruz. Y en medio de aquel tremendo dolor hay también un tremendo consuelo. Un consuelo por el que podríamos decir de nuevo: felix culpa!

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, la mujer de Cleofas, y María Magdalena. (…) cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien Él amaba que estaba allí cerca, dijo a su madre: ¡Mujer, he ahí tu hijo! Después dijo al discípulo: ¡He ahí tu madre! Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa (Io 19, 25-27).

En el mes de mayo recordamos esta gozosa realidad venida en medio de tan gran desolación: ¡Tenemos una madre!

Podemos decirle a María: ¡Madre mía!

…qué dulce sonara desde el INRI ese silbo de “madre mía”

pero el cielo que se retira la llama sólo mujer

como si hablara desde el extranjero sólo mujer

ahí tienes a tu hijo

y el silbo señala a Juan y mirando a Juan

ahí tienes a tu madre y se la da por madre

la madre es el legado del cielo que se retira

la madre ha comprendido y sufre porque es madre del cielo

y Juan es sólo un buen muchacho de la tierra

este trueque del cielo por la tierra ay madre

su maternidad en sí misma crucificada llora [1]

En cada Misa, se nos muestra el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo, roto, crucificado. Sacrificado por nosotros.

Señor, no soy digno –decimos-, di solo una palabra y seré salvo…

Entonces Jesús la dice: -he ahí a tu Madre.

Y mientras el Hijo es en la Cruz crucificado.

La maternidad de María en sí misma crucificada llora

de su llanto le nacerán los hijos más extranjeros

los juanes huérfanos pecadores que serán sus Cristos

aunque el cielo se retire y su luto llore en el extranjero

alégrense todas las creaturas de cielo y tierra porque tienen madre alégrense los hijos de nadie porque son hijos de alguien

por fin los desamparados tienen su madre virgen

alégrense los niños de Dios leprosos porque su madre es como la nieve

por fin los pecadores empedernidos tienen madre en común con Dios

alégrense los pobres ángeles porque tienen reina

Adán y Eva por fin ya tienen madre

hasta Judas tendría madre la más dulce si lo quisiera

alégrense todos los cristos del mundo que nace bajo la cruz

porque su madre es la más hermosa entre las mujeres [2].

¡Qué suerte! ¡En medio del erial de este mundo, tenemos madre! ¡Ya tenemos quien enjugue nuestras lágrimas en este valle! Disfruta gritando, por la calle, en casa, en el gimnasio o en el metro: ¡¡Madre!!

Alégrate. Tienes madre. ¡Y qué madre!

La que cuida, está pendiente, y pronta a desfacer aun los más enrevesados entuertos… ¡Dios te salve Madre, gestora de Caná!

Nadie antes miró a Dios con esa penetración, con esa profundidad de amor. Nunca nadie se había atrevido a acariciar a Dios… ¡Dios te salve Madre, amante de Belén!

La que nunca abandona a Jesús, cueste lo que cueste. La que sabe amar hasta que duela… ¡Dios te salve Madre, dolorosa del Calvario!

La que enseña a vivir cara a Dios. Sin esperar aplauso y atención. Haciendo la redención de puntillas. ¡Dios te salve Madre, paria de Nazareth!

Madre, enséñanos a vivir así. Ayúdanos a aprender de ti: atenta, amante, fiel, humilde… María. ¡Madre!

En mayo, mira a María. No hace falta que le digas nada… sólo mírala.

Aprende de ella. Aprende cuál es tu linaje -eres hijo suyo-. Y recuerda, que “quien a los suyos parece, honra merece”.

Sólo mírala y descubre en ti el deseo de ser como Ella.

¡Qué tontos cuando limitamos al mes de mayo, el placer de contemplar a la Madre!

Es una palabra mágica: ¡Madre! Lo es siempre, pero lo es más si se refiere a Ella.

¡Madre! Quiero ser tu discípulo, quiero ir tras de ti… pero no puedo…

Ven Tú junto a mí,… ahora y en la hora de mi muerte.

Enrique Bonet

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