Nosotros, en el pobre deseábamos saciar la sed que Jesús tiene por cada uno de nosotros. Joseba Guajardo

    Queridos hermanos en el Señor, ¡Muy buenas a todos!

    Soy Joseba, tengo 20 años, y soy seminarista de tercer curso del seminario diocesano de San Sebastián; que habiendo recibido una invitación por parte de Jóvenes Católicos, gustosamente os escribo para contaros mi aventura este verano en Calcuta (India), junto a un grupo de jóvenes de mi diócesis, y en colaboración con las Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta.

    En el mes de febrero los superiores del seminario me propusieron la aventura de partir a la India a colaborar con las hermanas de la gran Santa del siglo XX, Teresa de Calcuta; y tengo que decir que no me lo pensé dos veces. Fueron en especial los días previos y la llegada y asentamiento los que más me costaron, aunque tengo que decir que la mano de María, nuestra Madre, no me faltó en ningún momento. El calor húmedo y asfixiante, el olor, el caos de las carreteras, la suciedad de las calles y la miseria más absoluta, fueron un batacazo, para una persona bastante aprensiva y escrupulosa, como soy yo. Gracias a Dios, fue poco el tiempo que tardé en acostumbrarme (de manera relativa, quiero decir…) Las Misioneras de la Caridad están presentes en diversas y variadas labores de la ciudad, y en función de las necesidades distribuyen las tareas dos días a la semana coordinándolas todas desde “Mother house”. Tuvimos que esperar dos días hasta saber cual iba a ser nuestra misión final, pero dio la “causalidad” que nuestro grupo mantuvimos la misma casa de trabajo que la que nos asignaron provisionalmente hasta el reparto definitivo.

    A mí, y a otros cuatro compañeros más nos tocó ir a Kalighat, la primera casa que Madre Teresa instituyó para dar cobijo a los más pobres de entre los pobres en situación terminal o cuasi-terminal. El nombre de dicha casa procede de la diosa de la muerte hindú, Kali. Dicha casa hace prácticamente pared con el templo donde se ofrecen sacrificios animales y ofrendas para calmar la ira de la diosa y no envíe así sus maldiciones. Nosotros, en el pobre deseábamos saciar la sed que Jesús tiene por cada uno de nosotros, amando o intentando amar como Él ama. Una única ofrenda, una único sacrificio, el suyo propio, por nosotros y nuestros pecados, ha bastado para reconciliarnos con Él. ¿Muy distinto, verdad? Jesucristo; Camino, Verdad y Vida, nunca antes experimentado como allí. En la casa nuestro trabajo era variado, desde limpiar las instalaciones, hasta asear, dar de comer, o consolar. ¿Y con qué lenguaje? Con el del amor, el que más vale. Muchas veces sentía no poder hacer nada, y como ponía en una de mis reflexiones diarias, María al pie de la Cruz tampoco podía hacer nada, sólo miraba a Jesús y lloraba con él, le miraba a Él, y mirándole a Él, miraba al cielo; ese es el consuelo que más satisface a Jesús, que miremos al cielo. ¿Qué fuerte, verdad?

    El último día, mientras las despedidas, me venía a la mente esa famosa expresión de los poco simpatizantes de nuestra Madre la Iglesia, que dice: “la Iglesia que más brilla es la que arde”, pues… ¿sabéis que tienen razón? En otro sentido, claro está (jeje). Que quiero decir con esto; pues que la Iglesia que más brilla es aquella que se “desgasta” de amor, que se “consume” en la entrega y que se excede en generosidad. Sí, así es, en sus distintas misiones, tanto en Calcuta, como en La Habana, como en España. Algunos no lo quieren ver, pero nuestra madre la Iglesia; brilla, y Dios la hace brillar en sus distintas y variadas actuaciones. Es verdad que ir a Calcuta tiene ese impacto de ver más realmente a Jesús, por ello creo esta experiencia ha sido decisiva en mi proyecto y camino de preparación al sacerdocio; pero Jesús no únicamente está en Calcuta. Hay momentos los cuales pensamos que los momentos de oscuridad abundan más, que los momentos de claridad y de luz. Gracias a esta experiencia he podido reafirmar la convicción de que Él está siempre con nosotros, y siempre en mis compañeros, familia y amigos. Tenemos que dejarnos impactar por la acción de Dios en todas las cosas. Dios sorprende, y sorprende mucho.

    En esta experiencia, nuestra manera de acercarnos y dar a conocer a Jesús ha sido queriendo permitir la luz de Cristo brille en nosotros, y ellos, viéndonos, vean la luz de Dios. No sé si somos muy conscientes y dignos de ello; aunque esto, las hermanas son un verdadero ejemplo, pues lo que reflejan y transmiten, verdaderamente es el amor de Jesús, es a  Jesús mismo. A Calcuta fuimos con ese deseo de saciar la sed de Jesús que tiene por cada uno de nosotros, especialmente en los más pobres de entre los pobres. Y… ¿Cómo saciar siempre la sed de Jesús? Amando a los que Jesús ama, como Él ama. ¿Un poco difícil? ¡Si!, pero Él siempre estará con nosotros, ¡esa es su promesa! Las heridas de nuestra vida tratarán de negar la actuación de Dios en nuestra vida, pero Él está esperando decirnos que no solo nos ama; que Él nos desea, nos anhela. Muchas veces las personas te aceptan si encajas con sus roles y formas de ser; y con Jesús muchas veces hacemos lo mismo, pensamos que si no somos perfectos, Él no nos va a querer. Él nos ama tal y como somos, eso sí; ¡Nos sueña distintos! Los pacientes con los que hemos tratado, no son amados por lo que tienen, sino por lo que son; y eso lo quieras ver o no, es el concepto cristiano de persona quien así lo considera. El día de nuestra partida a España rezábamos en vísperas lo que la liturgia dela Iglesia oficialmente reza cada cuatro semanas: “Señor, sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.” En India, la cultura de las clases y de las castas condiciona todo muchísimo, pero son ellos, los pobres, los que nos han enseñado todo. Los pobres nos han evangelizado.

    Una tarde en la misión tuve la oportunidad de visitar a los niños discapacitados que literalmente han sido tirados a la calle, y que las hermanas con un caluroso cariño atienden. Fue un regalazo de Dios. Me daba por pensar que esos niños en nuestro país prácticamente no nacen, pues el “avance” y el “progresismo”, no lo permiten; y al mismo tiempo me venía una frase que mi obispo, D. José Ignacio Munilla decía sobre el aborto (la he buscado para plasmarla literalmente), que dice: “si el aborto es progresismo, la ley del más fuerte es la cumbre de la democracia”, lo que me ayudaba a entender que nuestro país tampoco está tan alejado de la cultura de la India y otros países menos desarrollados, (cuyas culturas tantas veces reprochamos), pues en nuestro país no recogemos niños de la basura, pero no los dejamos nacer, porque pensamos ser más “fuertes”, y además la “democracia” nos ampara. En Calcuta he apreciado el don de la vida que mis padres también hicieron posible. No es cosa nueva para nosotros los católicos, pero os vuelvo a animar a que propongamos una cultura que dice sí a la vida, y sí a la vida siempre; pues no hay distinción entre unos y otros. Todos somos hijos preciosos a los ojos de Dios, y nadie tiene la suprema autoridad para decidir un niño nazca o no, o mejor dicho; nazca vivo o muerto.

    Finalmente decir, que “los papeles” en gran parte, se invirtieron; fuimos con muchas expectativas, y éstas han dado la vuelta. Pensábamos cambiar Calcuta, y Calcuta nos ha cambiado a nosotros. Sí, muy cierto; aunque tememos la certeza y la alegría de saber que lo hermoso que se hace para Dios, muchas veces es en las cosas pequeñas, desde nuestras limitaciones e incapacidades; y Madre Teresa insIstía mucho en lo que también decía Jesús: “Cuando lo hicisteis a uno de estos mis pequeños, a mí me lo hicisteis”. Y desde ahora, mi petición más constante será, me haga instrumento de su amor, pues para Jesús, el que se entrega generosamente, siempre recibirá el ciento por uno; y bien sabemos que la vida que no se entrega, se pudre. La misión no ha acabado, empieza ahora, en nuestro entorno, en el seminario, en nuestra familia, en nuestra vida diaria, muy comprometidos, pero, tranquilos, con paz, pues “aunque sintamos que lo que hacemos es solo una gota en el mar, el mar sería menos si le faltara esa gota” (Santa Teresa de Calcuta).

    Gracias a Jóvenes Católicos por brindarme esta oportunidad de poder haceros partícipes de mi experiencia. Un abrazo, y mi oración por todos vosotros. Dios os bendiga.

    Joseba Guajardo Liceaga