Se me regala ser mujer con todo lo que ha soñado para mí, sabiéndome en sus manos. Raquel (Y III)

    Como he dicho, este último curso ha sido un regalo, porque he podido ver cómo el Señor no me ha abandonado ni un solo momento. Ha sido un año para ir haciendo ese camino, para no dejar de buscarle, seguir pidiéndole que colmase los deseos de mi corazón y bendecir por todo lo que se me iba dando. Es verdad que ha habido momentos en los que se me hacía muy cuesta arriba, que dudaba de su plan, pero al final yo veía que no podía ni quería echarle nada en cara, que todo era para bien. Aparentemente, yo estaba bien, convenciéndome de que mi vocación era el matrimonio pero sin poder dejar el deseo de entregarle mi vida,  así que a mitad de curso le dije: ‘Mira Señor, sea lo que sea, Tú lo harás’. Y se me regaló una peregrinación, donde estaba muy presente el tema de la misión y que de alguna manera tocó todo lo que había en mi corazón y me di cuenta de que mi deseo de darLe toda mi vida seguía estando y me hacía sufrir porque no entendía que pretendía el Señor con eso, por qué me ponía ese deseo si ya se me había dicho que no. Le comenté todo esto al sacerdote con el que hablaba, y tomándose muy en serio mi vida  y tras unas semanas dio con que esa enfermedad que me podía volver a pasar, quizá era monofásica, por lo tanto se abrió la posibilidad de volver a intentarlo. Entonces fue cuando las hermanas que estaban al tanto me propusieron hacer la experiencia, con el fin de quitarme la duda porque no podía vivir siempre con eso.

    La experiencia es simplemente vivir esa vocación como una más. La verdad que fueron unos días preciosos. Al principio me agobiaba la idea de que yo tenía que acabar la experiencia teniendo claro si entraba o no, y por eso no dejaban de venirme dudas, yo me veía muy incapacitada para ser monja, (según la idea que yo llevaba), me comparaba constantemente con las demás y no sabía muy bien porque estaba allí. Sin embargo, cuando en lugar de mirarme a mí, le miraba a Él, aparecía un deseo de permanecer en Él, me sentía una de tantas. Sin duda alguna a mí me ayudó muchísimo hacer memoria de cómo el Señor había ido llevando mi vida, cómo me había atraído por el sufrimiento de los otros, por el deseo de que ninguno se pierda, que todos Le conozcan. Sin embargo, yo me seguía viendo muy limitada para amarle, no sabía cómo, hasta que me puse ante Él en la Cruz y entendí ese grito de Jesús de  ¿dónde están los que me aman? Y entendí que toda mi vida Él ha estado, en cada momento me buscaba y me  preguntaba si yo le quería, y ahí solo podía y quería decirle que sí con toda mi vida.

    Yo volví de la experiencia sin decir que sí, pero sabiendo que no quería decirle que no y fueron unas semanas de indecisión que me hacían sufrir muchísimo. Yo esperaba un cartel gigante o algo muy evidente que me dijera qué hacer, y eso no llegaba. La última semana antes de pedir entrar, yo solo veía a Jesús todo desfigurado y humillado por mí, con un corazón humano que solo quiere ser amado y que yo no quería decirle mañana, yo quería estar para Él hoy. Un día después la madre me propuso dejar de pensar en la vocación durante un año, y yo sentí esas palabras como si el mundo se me cerrase, como si le diese un No enorme. Ahí pude darme cuenta de que a mí el Señor ya me lo había dicho todo y ahora me dejaba a mí para decidir en libertad. Y yo vi que mi libertad y mi vida se jugaban en ese ¿Raquel, me amas? Y a mí eso me bastaba para darle mi pequeño sí en ese momento y para ir dándoselo cada día.

    Al final yo he visto que el Señor es sencillo, que me ha mirado con un amor inmenso, que no me ha forzado, que me ha dejado libre y que me lo ha ido explicando todo, y que ante ese amor, yo no puedo mirar a otro lado, como si no hubiese pasado. Que esa mirada me invita a  amarle y seguirle hasta donde Él quiera. Se me regala la Vida, una vida entregada a Él y con el deseo de ser pequeña, que Él me enseñe a vivir, a quererle, a ser mujer con todo lo que ha soñado para mí, sabiéndome en sus manos. Os pido que recéis por mí, y por todas las hermanas de Iesu Communio, para que se haga Su querer. Rezamos por vosotros.

    Raquel Cantos

    Termina éste testimonio tan bonito. Mañana lo publicaremos entero en un sólo post.