¿Por qué rezo? Marta Mata

    3,2,1 y… vuelta a la rutina, y con ella a las prisas, agobios, estrés, correr de un sitio a otro, hacer muchas cosas en muy poco tiempo… Sin pensar, da igual, pero es que si no no me da tiempo, corriendo para allí, corriendo para allá, de una clase a otra, tragando tema tras tema y volando a la ducha y a cenar, al terminar unos minutos de redes sociales, pongo la alarma para la mañana siguiente y con unas apuradas 7 horas de sueño empieza de nuevo el próximo día.

    Así nos pasamos la mayoría de los días, semanas e incluso meses de nuestras vidas, corriendo, sin pensar, apurando. Y cuando entras en ese vicio de hacer, hacer y solo hacer, llegas a un punto en el que te preguntas el sentido de todo lo que haces. ¿Todo esto para qué? ¿Para conseguir llegar a un fin de semana que en 2 días se termina? ¿Para estar todo el año pensando en un verano que cuando quieres darte cuenta ha terminado? Es entonces cuando te das cuenta de que haces todo no solo sin pensarlo sino para ser feliz cuando hayas terminado todas esas cosas. Y es aquí donde yo te pregunto, ¿para qué esperar a ser feliz? ¿No prefieres ser feliz todos los días de tu vida? Supongo que todos habréis respondido afirmativamente a esta pregunta pero que a la vez os habréis preguntado como conseguir eso. 

    Dios, Dios es la mejor respuesta que os pueden dar en la vida cuando habléis de felicidad. Y sino me creéis seguid leyendo porque es bastante fácil de entender: lo que hace feliz al hombre es amar, es decir, querer y ser querido y no hay relación de amor más fuerte y verdadera que la nuestra con Dios. Se que parece una locura, pero hacedme caso y dedicad unos minutos a pensarlo. Parad, dejad de hacer, frenad ese ritmo frenético al que va la sociedad y nos arrastra a todos y pararos a pensar. Dios es la respuesta. Ofrecerle todo nuestro día a él es la respuesta. Perdonad a los demás y quererlos porque son hijos de Dios es la respuesta. Querer superarnos día a día porque es lo que a Dios le hace feliz es la respuesta. Quererlo y congelar unos minutos de nuestro día para hablar con él, hacedme caso esa es la respuesta clave. Os aseguro que nada os va a hacer más felices que bajaros por unos minutos de ese entorno de prisas y estrés en el que estamos acostumbrados a vivir para estar cerca de Dios. Todo cobra más sentido y vais a sentir como Dios nos quiere y a la vez vas a aprender a quererlo un poquito más cada día. Vas a ver un sentido más profundo a todo, empezando por tu vida y acabando por los detalles del día a día. Vas a cambiar tu forma de ver, de hacer y de correr. Dios da sentido a absolutamente todo, estando a su lado y viendo las cosas desde su perspectiva lo vas a entender todo mejor. Y no solo vas a entenderlo sino que vas a acabar amando cada detalle, cada persona y cada problema que se te presente. Son efectos secundarios de esa relación con Dios, ¿increíble verdad? Pues sí, así de impresionante es Dios. 

    Y permíteme darte un ultimo consejo, no esperes a tener un hueco en el día para sentarte a pensar sobre este tema y hablar con él, nunca vas a encontrar ese hueco a menos que intencionadamente lo busques y establezcas un ratito para ello. Hazme caso e inténtalo, no puedes perder más que unos minutos y podrías ganar ese ser feliz todos los días y no solo los fines de semana o los veranos. Corre y acércate a Dios que está esperándote, y cuando ya estés en medio de una conversación con él acuérdate de este pequeño texto y de mi y dile que le quiero muchísimo y que nunca me suelte la mano porque él es mi respuesta preferida cuando hablo de felicidad.

    Marta Mata España