Nada pasa por casualidad

    Oposiciones al Cuerpo de Maestro: El Señor me avisó el día antes. Nada
    pasa por casualidad.
    Allí estaba yo, en la puerta de un aula junto con otros 80 aspirantes esperando
    a ser llamados. Todos impulsados por el mismo motivo: sacar una plaza, poder
    ser maestros, y todos con el mismo miedo, no superar el examen.
    Recuerdo tener paz, mucha paz, y dejar de oír el ruido para oír silencio, y rezar.
    No le recé a los astros ni a los dioses, recé al Señor y recé a María. A Él no pude
    decirle mucho, no me salían las palabras, Tú mandas, le dije. A Ella una
    oración, “…y ya que soy toda tuya, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme
    como cosa y posesión tuya. María pon tu mano antes que la mía.
    Raquel Muñoz Pradas. Me llamaron y entré.
    Para explicar todo lo que pasó desde que crucé el marco de la puerta tengo que
    remontarme a un par de días atrás. Soy una joven de 24 años de Osuna (Sevilla)
    que, por primera vez, me presentaba a las oposiciones al Cuerpo de Maestros.
    No sé cómo llegué a tomar este camino ya que era una opción que siempre
    había descartado, pero algo o Alguien me las puso delante. En el pasado tuve
    malas experiencias en las que mi incapacidad para gestionar los nervios y las
    emociones me obligaron a renunciar a mi carrera y mi vida tal y como la creía, y
    ahora, en esta ocasión, el miedo a que volviera a ocurrir me rondaba la mente
    constantemente.
    Apenas tres días antes de la prueba me crucé por la calle con Marta, madre de
    cinco preciosos hijos y maestra que, en su año, sacó una plaza a la primera. Me
    paré con ella para preguntarle cuál era su secreto, necesitaba saber cómo lo
    consiguió. La Paz del Señor está contigo, esa es tu ventaja, me dijo ella. Y a
    partir de ahí todo cambió.
    Ya no tenía miedo, tenía ilusión. Al día siguiente salí para Sevilla lista para el
    examen. Esa noche fui a cenar con mis padres, que intentaban animarme e
    infundirme calma. En el restaurante conocí a una mujer, trabajaba en un Equipo
    de Orientación Educativa (EOE), y tras comentarle que me presentaba a las
    oposiciones y que las características de su trabajo las estudié en el tema 3,
    bromeamos diciendo que el Señor me estaba avisando el día antes, caería
    el tema 3. A la mañana siguiente me levanté con una sensación muy extraña, y
    aunque había prometido no estudiar el día antes, me senté a leer y releer el tema
    3, las leyes, la bibliografía Todo.
    Raquel Muñoz Pradas. Me llamaron y entré.
    Me senté en primera fila y procedieron al sorteo público de temas. Metieron 25
    bolas en una bolsa, y dos manos inocentes sacaron tres. Primera bola: tema 3.
    Ahí ya no recuerdo más nada que decir Tú mandas, Tú mandas, Tú mandas.
    Y el resto, lo podéis imaginar.
    Al terminar el examen volví a Osuna y paré en la Iglesia del Carmen, y allí, cara
    a cara con el Maestro le hice la gran pregunta: Señor, ¿qué quieres de mí?.