lunes, septiembre 27, 2021
Confinadas por Amor
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Nada pasa por casualidad

Oposiciones al Cuerpo de Maestro: El Señor me avisó el día antes. Nada
pasa por casualidad.
Allí estaba yo, en la puerta de un aula junto con otros 80 aspirantes esperando
a ser llamados. Todos impulsados por el mismo motivo: sacar una plaza, poder
ser maestros, y todos con el mismo miedo, no superar el examen.
Recuerdo tener paz, mucha paz, y dejar de oír el ruido para oír silencio, y rezar.
No le recé a los astros ni a los dioses, recé al Señor y recé a María. A Él no pude
decirle mucho, no me salían las palabras, Tú mandas, le dije. A Ella una
oración, “…y ya que soy toda tuya, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme
como cosa y posesión tuya. María pon tu mano antes que la mía.
Raquel Muñoz Pradas. Me llamaron y entré.
Para explicar todo lo que pasó desde que crucé el marco de la puerta tengo que
remontarme a un par de días atrás. Soy una joven de 24 años de Osuna (Sevilla)
que, por primera vez, me presentaba a las oposiciones al Cuerpo de Maestros.
No sé cómo llegué a tomar este camino ya que era una opción que siempre
había descartado, pero algo o Alguien me las puso delante. En el pasado tuve
malas experiencias en las que mi incapacidad para gestionar los nervios y las
emociones me obligaron a renunciar a mi carrera y mi vida tal y como la creía, y
ahora, en esta ocasión, el miedo a que volviera a ocurrir me rondaba la mente
constantemente.
Apenas tres días antes de la prueba me crucé por la calle con Marta, madre de
cinco preciosos hijos y maestra que, en su año, sacó una plaza a la primera. Me
paré con ella para preguntarle cuál era su secreto, necesitaba saber cómo lo
consiguió. La Paz del Señor está contigo, esa es tu ventaja, me dijo ella. Y a
partir de ahí todo cambió.
Ya no tenía miedo, tenía ilusión. Al día siguiente salí para Sevilla lista para el
examen. Esa noche fui a cenar con mis padres, que intentaban animarme e
infundirme calma. En el restaurante conocí a una mujer, trabajaba en un Equipo
de Orientación Educativa (EOE), y tras comentarle que me presentaba a las
oposiciones y que las características de su trabajo las estudié en el tema 3,
bromeamos diciendo que el Señor me estaba avisando el día antes, caería
el tema 3. A la mañana siguiente me levanté con una sensación muy extraña, y
aunque había prometido no estudiar el día antes, me senté a leer y releer el tema
3, las leyes, la bibliografía Todo.
Raquel Muñoz Pradas. Me llamaron y entré.
Me senté en primera fila y procedieron al sorteo público de temas. Metieron 25
bolas en una bolsa, y dos manos inocentes sacaron tres. Primera bola: tema 3.
Ahí ya no recuerdo más nada que decir Tú mandas, Tú mandas, Tú mandas.
Y el resto, lo podéis imaginar.
Al terminar el examen volví a Osuna y paré en la Iglesia del Carmen, y allí, cara
a cara con el Maestro le hice la gran pregunta: Señor, ¿qué quieres de mí?.
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