Me fío de Ti

En apenas dos semanas se va a producir, sin duda alguna, el acontecimiento más importante del año para los católicos de España, que es la renovación de la Consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús realizada por el rey Alfonso XIII hace ya cien años.

Por ello, debemos intentar prepararnos y tratar de conocer más esta devoción que es tan necesaria en nuestras vidas. ¡Jesús ansía tanto que consolemos a su precioso Corazón dejándole derramar Sus Gracias sobre nosotros! Es tan bueno, que únicamente encuentra alivio para su dolor cuando nosotros dejamos que el alivie el nuestro inundándonos con el infinito amor de su Corazón. Tan solo debemos confiar en Él ciegamente y abandonarnos a sus brazos, como un niño se abandona a los de su padre o un joven a los de su amigo. Tenemos que desconfiar plenamente de nosotros y nuestras capacidades, para que así Cristo ocupe el lugar central de nuestras vidas y se erija como nuestra única esperanza, infundiéndonos un deseo constante de él en nuestras pequeñas almas. Él se muere por que acudamos con nuestra pobreza a consolar Su Corazón que tanto sufre por nosotros, dejando que nos restaure con su Gracia.

Hay veces, sin embargo, en las que confiar no es tan sencillo como parece… Todos tenemos momentos en los que la vida se nos presenta como un túnel apagado y oscuro, en el que caminamos sin saber a dónde vamos y donde no vemos la luz. Y precisamente en esos momentos en los que nos falte luz, es cuando debemos pedirla, y es también cuando debemos recordar dónde acaba nuestro camino, que es en el Señor. Cuando nuestra confianza penda de un hilo, debemos pedirle a Jesús que renueve nuestro deseo de ser suyos. Él ansía eso más que nada, solo se espera a que se lo pidamos, a que le dejemos entrar en nuestro corazón y curarlo.

Si hay alguien que entendió esto a la perfección y lo plasmó de una forma bellísima, es San Claudio de la Colombiére, el mentor espiritual de santa Margarita María Alacoque. Su Acto de confianza en Dios es una de las oraciones más bellas que existen para ayudarnos a profundizar en la necesidad de abandonarnos al Corazón de Jesús.

Ya en último lugar, recordar que, somos tan afortunados que Jesús nos ha regalado un atajo para llegar con mayor rapidez y facilidad a Su Corazón, que es a través del de su santísima Madre, la Virgen María. No olvidemos pedirle a Ella que nos guíe hacia su Hijo querido y que no permita que nos alejemos nunca de Él.

ACTO DE CONFIANZA EN DIOS

Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡Oh Señor! Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza.

Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé , Señor, y jamás seré confundido.

Bien conozco ¡ah! Demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.

En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad. Así sea.

María Ramos