La familia unida, reza unida. Rezar en familia.

—¡Hola! ¿Qué tal? Por aquí tan contenta de escribir de algo que nos «da la vida» en casa: #rezarenfamilia… Me presento: soy Valle, esposa de José Luis, padres de 7 hijos, y «titular» de la cuenta de Ig @rezar.en.familia… ¡Entramos en faena!: Creo que hay que empezar poniéndonos un poco profundos para recordar «la teoría» que nos da paso a «la práctica»:

  • SOY UNO EN CUERPO Y ALMA:

En el proceso de nacer, crecer, (reproducirse) y morir ocurren muchas cosas. Casi todas tienen que ver con «crecer». Crecemos mucho y crecemos en casi todo: crecemos en cuerpo, en inteligencia, en voluntad, en valores, en emociones; crecemos en familia, en amigos, en conocidos; crecemos en trabajos, en  compromisos, en aficiones… ¡Crecemos!… Y, ¿crecemos en el interior del interior, en ese escondite del alma donde Dios pone «su nidito de Amor»?…

  • EL ALMA ES EL PRINCIPIO DE VIDA (Y ES INMORTAL):

El alma es el deseo único de Dios por cada uno de nosotros. El alma es «el aliento» que Dios sigue insuflando en nuestro cuerpo para darle la vida. Por eso, sólo por creación, el hombre está ordenado a un fin sobrenatural. Y por eso Dios desea ardientemente recuperar esa alma después de su experiencia en la tierra. Cada alma es aliento suyo –«eso» suyo que salió de su interior–. ¡Soy de Dios! Y por eso mi alma nunca muere…

  • CRISTO VIVE EN MÍ:

El sentido más pleno de la vida está en el interior del hombre. Es la unión con Dios. Con este fin, «la comunión» (que no es sólo la de «comulgar», sino la armonía del «espíritu» del hombre con el «Espíritu» de Dios en Cristo) es una función del alma (como es la función de nutrición para el cuerpo). Y en esta función hay procesos implicados: el primero es el Bautizo –la puerta de entrada para el resto de los sacramentos–, la actividad de su Palabra, el darse a los demás…, y ese proceso  que combina «de cine» con la vida ordinaria, la oración.

  • UN MATRIMONIO CRISTIANO ES UN PLUS EN TODO:

El «matrimonio cristiano» es el «matrimonio natural» que ha subido de categoría (de la «natural» a la «sobrenatural»). En esa nueva realidad el centro es Cristo. Y esto no es una teoría. No se da por hecho. Cristo es el centro. Es Él quien da la unidad: en la pareja (en la familia), y en la vida personal de cada miembro («vida exterior» con «vida interior»).

  • LA FAMILIA ES LA IGLESIA EN CASA:

En un matrimonio cristiano empiezan a llegar los hijos (y sin llegar), y «el hogar» se va formando con lo que cada uno aporta y recibe –de su cuerpo y de su alma–. En la familia cristiana se vive de cara a la realidad de lo que somos (por eso la vida del espíritu tiene su sitio). Se educa en lo eterno (no instruyendo sino viviendo…) La fe es vida… Y toda la vida de la Iglesia se estrena en casa…, se vive en casa…, y desde casa se da el relevo a la siguiente generación.

Tener fe no es «creer». Tener fe es «vivir». La fe vivida llega «a cada célula»: informa, anima y da unidad a todo. Y entonces, la oración se derrama del alma. Sale sola. Porque rezar no es una opción. Rezar es una necesidad del alma (como el cuerpo necesita el alimento, el alma necesita la oración –esa tertulia con Dios–). Y a través de la oración crece esa relación personal de «espíritu a Espíritu» hasta la intimidad más íntima. Y la vida interior de los padres se asoma al exterior, y desarrolla esta «dimensión familiar» que tanto necesita para seguir creciendo… Y llega a los hijos pequeños como ellos pueden entenderla y vivirla –sin infantilismos–. Y a los hijos medianos –que están en los años brillantes de Confesión y Comunión–, llega «en cascada», y todo lo que se derrama… ¡empapa! Y a los hijos mayores, nuestra vida de fe les llega como acompañamiento, y los padres respetamos el «ciclo espiritual» de cada uno, proponiendo procesos –sin imponer caminos–, y rezando ¡tanto! por ellos.

La oración en familia es el germen de la oración personal de cada hijo (y de cada esposo). La oración de un padre o de una madre –y la de un hijo– no es algo que se olvide fácilmente. Y a su vez, la oración personal es el germen que desencadena el desarrollo de toda la potencia del ser: esa voluntad sabia de Dios para cada uno en exclusiva.

La familia es el taller donde se moldea a mano la recién nacida vida de fe de cada hijo. En casa, en familia, se aprende quién es Dios, quién es su Madre, cómo es su Familia –la Iglesia–, cuál es nuestro sitio en ella; y se aprende a respirar con el alma, y se aprende a unir con menos esfuerzo la vida de acción y la vida de contemplación (la vida de familia y trabajo, y la vida de oración). Rezar (¡rezar en familia!) «saca brillo» espiritual a nuestras acciones. Y así, ya estemos trabajando o jugando, comiendo o haciendo deporte, durmiendo o despertando…, en nuestra alma hay una misma intención y un mismo diálogo: la Gloria a Dios y la oración. ¡Y todo en el día es parte de esto…: ¡SOY HIJO DE DIOS!

—Do you rezas en familia?

—¡Claro que rezo! Of course!

En nombre de mi familia: ¡Muchas gracias!

(Para cualquier ruego a aclaración, me tenéis en @rezar.en.familia. ¡Hasta la vista!)

Esta es la familia de @rezar.en.familia. Falta la mayor que ese día no estaba. Estamos rezando el Rosario, la pequeña es la que tiene el encargo de rezar las letanías.