Historia de una amistad. Ester Palma.

    Quiero presentaros a Sumire, japonesa y a Lea, coreana, dos jóvenes de unos 23, 24 años. Se conocieron el pasado verano 2018 en Corea mientras realizábamos un encuentro entre jóvenes de Corea y Japón. Este encuentro se titulaba “la esperanza que une el pasado con el futuro”.

    Todos sabéis que Corea y Japón están unidas por una historia terrible de heridas y de opresión desde que Japón invadió Corea y la sometió en el año 1905 hasta el año 1945. Entre las cosas más horribles que se saben del tiempo de la dominación japonesa está la realidad de las “comfort stations”. Eran lugares que se construían al lado de los cuarteles, para que los militares japoneses pudieran tener “sexo” siempre que quisieran. En estas “comfort stations” se encerraba a 10, 12 chicas coreanas de edades entre 14 y 20 años para que sirvieran de esclavas sexuales a los soldados japoneses. Las pocas supervivientes que han quedado y que hasta el día de hoy siguen vivas han contado que se veían obligadas a encontrarse con al menos 30 hombres cada día, que eran golpeadas, torturadas y que sufrían todo tipo de abusos.

    Durante el encuentro que tuvimos con los jóvenes japoneses y coreanos visitamos el museo de la Independencia coreana donde se habla ampliamente de las “comfort stations” y en general de toda la realidad de la dominación japonesa de Corea.

    Desde el momento en el que Sumire entró en el museo empezó a quedarse muda y poco a poco mientras la guía explicaba la realidad de las “comfort women” coreanas empezó a llorar. La camiseta que llevábamos todos los participantes tenía en la espalda el mapa de Corea y Japón y el lema de nuestro encuentro. Sumire, sin que nos diéramos cuenta se puso su chaqueta. Al salir del museo Lea se acercó a Sumire y la consolaba diciendo: “no te preocupes, esto son cosas del pasado”. Sumire le dijo: “Toda mi vida he vivido muy orgullosa de ser japonesa y allí donde iba mostraba el mapa o la bandera de Japón con orgullo. Esta es la primera vez en mi vida que me he avergonzado de ser japonesa. Me puse la chaqueta porque no quería que los niños coreanos que estaban viendo el museo vieran que soy japonesa. No quería hacerles sentir odio.”

    Mientras caminaban de vuelta a casa, donde tuvimos un compartir de las experiencias de la visita al museo, Lea y Sumire se hicieron super buenas amigas. Lea después nos contó que ella siempre ha tenido mucho odio y resentimiento hacia Japón y que nunca tenía ganas de conocer Japón ni de comprar productos japoneses, aunque en Corea se dice que son de mejor calidad que los coreanos (por ejemplo, los bolígrafos): “Cuando vi a Sumire llorar tan sinceramente y con ese dolor y arrepentimiento por algo que ella no había hecho, verla llena de vergüenza por lo que había hecho su país, sentí que sus lágrimas derretían el odio que tenía por Japón y me di cuenta de que hay japoneses que pueden comprender el dolor que sentimos y lo horrible de lo que hicieron y arrepentirse”. Por la noche, después del compartir que tuvimos entre todos y en el que la mayoría de los japoneses lloraron y mostraron su dolor y empatía por las mujeres coreanas, encendimos unas velas y las pusimos en un mapa en el suelo entre Japón y Corea, como signo de un nuevo comienzo y de una reconciliación que se inicia en nuestros corazones cuando hay verdadero arrepentimiento, petición de perdón y dolor por nuestros errores

    “La labor que el gobierno de Japón y su ejército no está haciendo, la están haciendo los jóvenes” decía una de las participantes del encuentro que vino desde España.

    Al día siguiente construimos entre todos un vía crucis para comprender cómo Jesús ha acompañado la historia de nuestros dos países y repartimos las estaciones entre todos los participantes. A Sumire le tocó la estación “Jesús es despojado de sus vestiduras”.

    Cuando llegó el momento de rezar esta estación Sumire (que no era cristiana en ese momento) nos leyó su meditación. Ella contemplaba a Jesús unido con cada una de esas mujeres y cómo cuando cada una de ellas era despojada de su dignidad Jesús sufría con ellas, en propia carne esas vejaciones y esas torturas. Nos hizo llorar a todos y nos hizo comprender con mucha profundidad el misterio del Vía crucis. Jesús camina con cada uno de nosotros, a lo largo de la historia y se hace uno con nosotros en nuestros momentos más dolorosos, de humillación de tortura y nos lleva con él de la mano hacia la resurrección.

    El encuentro de jóvenes coreanos y japoneses acabó, pero la amistad entre Lea y Sumire no había hecho más que empezar. En febrero de este año 2019 cuando Sumire nos contó por Kakao Talk (el whatsapp coreano) que en esta Pascua recibiría el bautismo Lea fue la primera en felicitarle y en hacerle saber que iría a su bautismo.

    Lea visitó por primera vez Japón sólo por dos días, para estar presente en el bautismo de Sumire, quien sin duda le debe su fe a Corea y al encuentro con los jóvenes coreanos (muchos de ellos eran católicos). El domingo de resurrección la familia de Sumire llevó a Lea a visitar la tienda de bolígrafos más famosa de todo Japón y Lea súper contenta se compró dos bolígrafos japoneses. Al volver de su viaje de 2 días a Tokyo nos contó que estaba muy contenta de haber realizado este viaje, y que sólo fue posible porque la bondad de Sumire hizo que pudiera perdonar y comprender Japón de una nueva manera.

    Con inocencia de un niño nos mostraba los bolígrafos que se compró y decía: “realmente son mucho mejores que los coreanos” y se reía, porque ella sabía lo mucho que significaba decir esto ahora sin resentimiento en el corazón.

     

    Ester Palma, misionera Servidores del Evangelio en Corea del Sur