El mes del Amor

Nunca lo había pensado así pero… estamos en el mes del amor, Amor. Y no porque empiece el verano, o sea la festividad de algún santo como San Valentín… sino porque estamos en el mes del Sagrado Corazón. ¿Hay algo o alguien que exprese mejor el amor que el Sagrado Corazón? Es el corazón con el que Dios ama a los hombres. Es el mismo corazón de la Iglesia, la devoción de devociones.

Durante este mes profundizaremos en la devoción al Sagrado Corazón para que terminemos el mes amando más al Amor que no es amado por tantos y tantos hombres y descubriendo el tesoro del cristiano: el amor que Dios nos tiene.

Ya que la devoción se dirige al amante Corazón de Jesús, ella debe abarcar todo aquello que es abrazado por ese amor. Y, en ese contexto, ¿no fue ese amor la causa de toda acción y sufrimiento de Cristo?. ¿No fue su vida interior, más que la exterior, dominada por ese amor? Por otro lado, teniendo la devoción al Sagrado Corazón como objeto al Corazón viviente de Jesús, eso mismo familiariza al devoto con toda la vida interna del Maestro, con sus virtudes y sentimientos y, finalmente, con Jesús mismo, infinitamente amante y amable. De la devoción al Corazón amante se procede, primero, al conocimiento íntimo de Jesús, de sus sentimientos y virtudes, de toda su vida emocional y moral; del Corazón amante se extiende a las manifestaciones de su amor. Una devoción al amor a Jesús. Su característica debe ser la reciprocidad del amor; su objeto es amar a Jesús que nos ama tanto; pagar amor con amor.

Un poco de historia…

La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, desde que se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua: «Al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.  En otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»» (Jn 18, 1-42). De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo.

Pero no es sino hasta los siglos XI y XII que encontramos señales inconfundibles de alguna devoción al Sagrado Corazón. Se trataba de acercarse al Corazón Herido a través de la herida del costado, y la herida del Corazón simbolizaba la herida del Amor.

Cristo escogió a Santa Margarita María de Alacoque(1647-1690), una humilde monja de La Visitación del monasterio de Paray-le-Monial, para revelarle los deseos de su Corazón y para confiarle la tarea de impartir nueva vida a la devoción. Estas revelaciones fueron muy numerosas y son notables las siguientes apariciones: la que ocurrió en la fiesta de San Juan de 1673, en la que Jesús permitió a Margarita María, como antes lo había hecho con Santa Gertrudis, recostar su cabeza sobre su Corazón, y luego le descubrió las maravillas de su Amor, diciéndole que deseaba que fueran conocidas por toda la humanidad y que los tesoros de su bondad fueran difundidos. En otra ocasión, apareció radiante de amor y pidió que se practicara una devoción de amor expiatorio: la comunión frecuente, la comunión cada primer viernes de mes, y la observancia de la Hora Santa.  En otra, conocida como la «gran aparición», que tuvo lugar en la octava de Corpus Christi, 1675, probablemente el 16 de junio, fue cuando Jesús dijo: «Mira el Corazón que tanto ha amado a los hombres… en vez de gratitud, de gran parte de ellos yo no recibo sino ingratitud». Y le pidió que se celebrase una fiesta de desagravio el viernes después de la octava de Corpus Christi.

Desde entonces, han sido numerosos los santos que han amado esta devoción y se han visto inmersos en la grandeza de Su Amor. Este mes se celebra el centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón. En 1919 el rey Alfonso XIII consagró el país a su Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península.

Aprovechemos este mes para amar y reparar más y más este Corazón. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío, a Ti te lo confío.