«La familia que alcanzó a Cristo»

Hacemos diana con este libro, va directo al fundamento de cualquier sociedad, diría que también el más castigado en este siglo XXI, si no lo sabes ya, seré explícita: la familia.

Una obra maestra, segundo libro de la trilogía, denominada: “La saga de Citeaux” del escritor y monje trapense M. Raymond.

Te presento mi joya preciada, el libro reservado durante años para una ocasión valiosa, en la que se le haga honor al que es de los primeros libros que impactaron fuertemente mi personalidad.

Se trata de un libro histórico, basado en hechos verídicos en formato novelado, por lo que facilita mucho la lectura. San Bernardo y su familia serán vistos de un modo cercano en sus debilidades y pequeños triunfos de sus quehaceres de la época en que vivieron, sus dificultades, combates espirituales, ilusiones y pasiones.La esperanza en las familias como comunidades pensadas y queridas por Dios para bien del mundo se encuentra en La familia que alcanzó a Cristo. Se vislumbra con naturalidad la variedad de caracteres aun siendo consanguíneos, (de eso tendrás tú también experiencia con la tuya). En esta pieza básica, digna de ser encontrada en la biblioteca particular de un cristiano inquieto, al desmigar la humanidad de cada uno de los protagonistas, es altamente probable que te identifiques con la forma de ser de alguno, es más, estoy segura que pensarás en las coincidencias de los familiares de San Bernardo de Claraval con conocidos tuyos a los que les verás parecido.

Puedes comprender el hilo del ejemplar sin leer el primer volumen de la saga.

Indicado para leerlo desde los adolescentes a los más veteranos que vivan su segunda, tercera o qué sé yo…  juventud.

Termino de despedirme de ti con el corazón abrasado, sinceramente conmovida, deseando que te dejes tocar por este fabuloso libro y encuentres, como lo encontré yo en su día, ese ejemplo con nombre concreto, de persona que dejó huella y me empujó a no parar de transformarme hasta ser quien quiero ser y Papá Dios quiere que sea. Fija a Cristo en tu vida y serán firmes tus pasos.

Dedico esta entrada a cada persona que carga su cruz cada día, sigue a Jesús y se atreve a acompañar y orientar a sus hermanos en la vida humana y cristiana, respetando sus tiempos y dones con el fin de encontrarse unos y otros verdaderamente con el Señor.